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martes, 8 de abril de 2014

Ordenación a la 1ra. Tonsura y Diaconado

Homilía de su Excelencia Andrés Morello en la Fiesta de San Gabriel Arcángel
Con Motivo de la Ordenación a la 1ra. Tonsura y Diaconado
En el Monasterio Nuestra Señora de Guadalupe.

¡Ave María!
            Dios Nuestro Señor nos ha dado la Gracia de poder realizar esta ceremonia sagrada de ordenaciones.
            En las sagradas ordenaciones la Santa iglesia despliega toda la belleza del culto católico, la grandeza de sus ceremonias y deja ver en los gestos sagrados y en las oraciones los misterios profundos que celebra.
            No son ceremonias nuevas ni novedosas, sinó ceremonias que la Santa Iglesia realiza de igual manera desde hace siglos y en las cuales queda a salvo de una manera inigualable la ortodoxia del culto y la integridad de la Fe Católica.
            Asistimos hoy a los dos extremos del ascenso al Altar de Dios; los dos extremos de la proximidad al Santísimo Sacramento y al Santo sacrificio de la Misa.
            A medida que el ministro de Dios, desde la Tonsura al Sacerdocio, va acercándose a la Sagrada Eucaristía hasta poder confeccionarla, a la vez va teniendo un poder mayor sobre las almas hasta poder, inclusive perdonar los pecados y devolver la Gracia.
            En la 1ra. Oración de la Tonsura dirá el Obispo:
-Ut donet eis Spiritum Sanctum qui habitum religionis in eis perpetuum conservet.
“Para que les de el Espíritu Santo, el cual conserve en ellos el perpetuo Hábito de la religión”
            Es lo primero en aquellos que se disponen a servir a Dios, conservar el hábito de la religión. Ese hábito no es solamente el que se ve sinó principalmente la virtud de la religión que es pagar nuestra deuda de justicia para con Dios. Es la expresión habitual, cotidiana, perpetua de servir a Dios con prontitud y sólo a Él.
            Por la fuerza, si queremos servir a Dios no podemos servir a aquello que se le opone y, por lo mismo, la misma oración que dice el Obispo continúa diciendo:
-Ac saeculari desiderio corda eorum defendat.
“Y defienda sus corazones del deseo del siglo”.
            Es la expresión, en otras palabras, de aquella afirmación de Nuestro Señor, “no podéis servir a dos señores”.
            En el servicio de Dios y, naturalmente, la cercanía con Dios hace ver la realidad tal cual es y no dejarse llevar por la imagen engañosa de la creación deformada por el diablo y por el hombre.
            Por eso agrega el Obispo:
-Et ab omni caecitate spirituali et humana oculos eorum aperiat et lumen eis aeterne gratiae concedat.
“Y abra sus ojos de toda ceguera espiritual y humana, y les conceda la luz de la Gracia Eterna”
            Cuando la ceremonia ya forma parte de la ordenación al Diaconado las palabras del Obispo dejarán en claro de qué se trata “toca al Diácono servir al Altar”.
            El servicio del Altar y, por lo mismo, el servicio de las almas, es lo propio y lo específico de los Diáconos.
            En el Antiguo Testamento la tribu de Levi era la tribu sacerdotal, imagen del sacerdocio que habría de instaurar Nuestro Señor Jesucristo. Aquella tribu no tenía heredad, no tenía tierra o porción en la Tierra Prometida. SU PORCIÓN ERA DIOS, DOMINUS PARS, EL SEÑOR ES MI PARTE.
            Así la porción y la herencia del Diácono, cercanísimo al Sagrario y al Santísimo Sacramento es Dios y nada más.
            Servir a Dios es pelear contra todo lo que se opone a Dios.
            Es un dogma liberal que Dios no tiene enemigos, un dogma contrario a toda la enseñanza de Jesucristo Nuestro Señor “si a Mí me persiguieron a vosotros os perseguirán”.
            Es lo que dirá desde hace siglos la liturgia de esta ordenación: “mantenga una incesante lucha contra los enemigos”.
            Cuando el Obispo enumera las virtudes del Diácono dira:
-ESTOTE NITIDI (CLAROS)
“Sed Nítidos”.
            POR SER COOPERADORES DEL CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR,
            AJENOS A TODO DESEO DE LA CARNE.
            Es la razón de ser más profunda de la castidad sacerdotal, la inocencia de aquellos que sirven al Altar y al Santísimo Sacramento.
            Debemos ya concluir para no hacer tan larga esta ceremonia.
            Debe quedarnos en claro algo que los hombres olvidamos cada día, algo que el mundo niega con todas sus fuerzas, algo que la iglesia nueva repite con el mundo.
            La forma de la ordenación, lo más importante, dice así:
ACCIPE SPIRITUM SANCTUM AD ROBUR
ET AD RESISTENDUM DIABOLO ET
TENTATIONIBUS EJUS.
“Recibe el Espíritu Santo para confortarte
y para resistir al diablo
y sus tentaciones”
            La Gracia y con ella el Sacerdocio y la Santa Iglesia mantienen una lucha perpetua, una guerra sin tregua contra una realidad perversa que busca apartar de Dios, contra el diablo y nuestra naturaleza herida. Ni la naturaleza está sana ni el diablo es bueno.
            Por eso esa guerra permanente es guerra de virtudes contra vicios y de Gracia contra pecados, es guerra sobrenatural.
            De allí que el Prefacio de la ordenación describe así el alma del Diácono:
            “Abunde en él toda forma de virtud, la autoridad modesta, el pudor constante, la inocencia de la pureza, la observancia de la disciplina espiritual.
            Brillen en sus costumbres tus preceptos”.
            Es la más bella conclusión: Quien sirve a Dios debe brillar por cumplirle a Dios, debe ser una copia hermosa del único Redentor de los hombres, la realización de lo que Dios desea para los hombres y especialmente para sus ministros.
            Todo esto no es ni puede ser obra humana sinó obra de la Gracia, pero Gracia que Dios creó y que quiere derramar en las almas. No es más que querer y hacer en el tiempo lo que Dios quiere desde siempre.
                                   ¡Ave María Purísima!

                                                    25 de marzo del 2014


1ra. Tonsura: Brother Antony  Mary Joseph 
Diaconado: Brother Anthony Paul.

Hermanos Dominicos de la Iglesia del Sagrado Corazón en Lawrence, Massachusetts.









Hermanos Dominicos de la Iglesia del Sagrado Corazón en Lawrence, Massachusetts.

Subdiaconado en la Iglesia de ellos el 7 de junio de 2013.












domingo, 5 de enero de 2014

Saludo de Navidad Monseñor Morello



Compañía de Jesús y de María

Reverendos Padres
Queridos Fieles
           
            Quiera Dios bendecirles.
            Este es mi saludo navideño un poco tardío a causa de los inconvenientes de salud de los últimos cuarenta días. Acostumbrado a tener buena salud fue algo novedoso para mi el verme enfermo o convaleciente, aún así, se que nada escapa a las manos de Dios. Quien durante todo este tiempo me cuidó y protegió como durante toda la vida.
            Debo agradecerles la exquisita caridad que mostraron para conmigo, sus oraciones y preocupación que superó en mucho lo poco que yo pude haber hecho por Ustedes.
            Un sacerdote, un obispo, un religioso no ha tomado hábito, no ha profesado compromisos solemnes ante Dios y la Santa iglesia por el propio interés. Es natural que queramos salvarnos pero lo que debe conquistar y cautivar el alma de un eclesiástico es el amor de Dios. “Dilexit me et tradidit semetipsum pro me” decía San pablo (Gal. 2, 20) “me amó y se entregó por mi”. No es más que un ejemplo sublime e inimaginable de lo que hemos de hacer. Dar a Dios Nuestro Señor lo que somos y tenemos, hacer el bien a los demás cuanto podamos. La Santa Iglesia, sus fieles azorados delante de un mundo en caída libre, ante los ejemplos desoladores de un clero mundanizado y de un sacerdocio inconsistente, ante una jerarquía más de lobos que de Pastores, necesitan ejemplos sólidos capaces de convencer. Cuando Roma y su Imperio se rindieron a la Fe Católica toda religión valía con tal que se adorase a los emperadores reinantes y que no se pusiese en tela de juicio la inmoralidad comúnmente aceptada. El paganismo se derrumbó delante del ejemplo de hombres que todo lo daban por Dios.
            Pidamos al Santo Niño Dios y a su Madre Admirable y a todos los sagrados personajes del Pesebre la gracia de un pueblo verdaderamente católico y, para ello, de sacerdotes fieles y abnegados.
            Nuevamente toda mi gratitud y afecto, Santa Navidad para todos.
                                                         

                                                        Patagonia Argentina 26 de diciembre del 2013.

                                                                                  + Mons. Andrés Morello.

martes, 2 de abril de 2013

Saludo Pascual 2013, Mons. Morello


SALUDO PASCUAL


29 de marzo de 2013

Viernes Santo

Queridos fieles y amigos:

                                     Dios quiera bendecirles.

                                     La soledad de la Cruz y del Calvario, se ha acentuado aún más gracias a los últimos acontecimientos de la faz visible de la Iglesia. Los pontífices judíos que asistieron (y causaron) la muerte de Cristo gritaban “bájate de la Cruz y creeremos en Tí”. Gritan hoy lo mismo desde una Roma en donde el discurso que se dice y el ejemplo que se dá buscan agradar a aquellos que gritaban en el asesinato más grande de la historia y a aquellos que hoy gobiernan a las naciones, ajenos en todo a Jesucristo.

                                       La Roma de hoy no mira a Dios, mira a todos menos a Èl, o a aquellos que todavía le doblan la rodilla. 
De alguna manera, ¡A Dios gracias! Que no se ocupen de nosotros los que desprecian a Dios, no queremos saber nada con aquellos que destruyendo la religión pierden las almas.

                                      Les toca a ustedes enfrentar esta situación. No hay componenda posible; la Fe no puede discutirse con los no católicos y la moral tampoco con los que no respetan la ley de Dios.

                                         Es imperativo ser buenos para no traicionar a Dios, empujar a otros para que no se pierdan ni se condenen, ser generosos los solteros para dar la vida a Dios, en un momento crucial de la historia en el que han dejado solo a Cristo, han huido los pastores y la Iglesia necesitaría un ejército cerrado de hombres valerosos y abnegados, deseosos de salvarse y arrebatar al diablo las almas creadas para Dios.

                En medio de esta situación penosa, ¡Santas Pascuas! cerca de la Cruz de Cristo,
                de la Virgen Madre y del Apóstol Virgen.

                                                                                + Mons. Andrés Morello.

miércoles, 27 de febrero de 2013

La Capita de Armiño



           
Hace algunos días el Cardenal responsable del Dicasterio de las Familias afirmaba públicamente que deberían respetarse los bienes comunes de las uniones entre personas del mismo sexo. (Diríamos nosotros que deben respetarse los bienes privados, pero en cuanto privados ya que hay bienes comunes sólo en donde hay comunidad y una unión contra natura no lo es).
            Una semana después, el 11 de febrero del 2013, Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, abdicaba al puesto que ocupa, abdicación efectiva a partir del próximo 28 de febrero a las 22 horas de Roma.
            Haciendo a un lado el asombro general que causaran estos acontecimientos, a los ojos del lego, pareciera esta abdicación un efecto de las declaraciones anteriores del citado Cardenal o, al menos, la renuncia de un viejo guerrero que, aunque de avanzada, no pudo ya contener la marea impetuosa, subyacente, de otros menos moderados que él; un guerrero que aunque modernista desde siempre no quiere clérigos degenerados y desgastó su resistencia ante tantos escándalos que debió enfrentar.
            La vejez, las fuerzas disminuidas, la renuncia a continuar ocupando el puesto más alto de la humanidad, aunque fuera de hecho y no de derecho, despiertan naturalmente en todos asombro; en muchos admiración; en las almas católicas una inusual reverencia.
            La figura de un Pontífice, real o supuesto, no se juzga por su respirar cansino, por su rostro demacrado o por su andar vacilante. “Ex operibus eorum cognoscetis eos” “Por sus obras los conoceréis” (San Lucas VI, 44).
            -Me dirá Usted que juzgo al Pontífice.
            -Nó Señor, juzgo si lo es o nó, porque nadie bueno hace cosas malas y ningún pontífice puede inducir a error a la Iglesia universal.
            El elemento de discernimiento lo dio Nuestro Señor, no lo dieron los hombres. Como si dijéramos “Eres según fuiste, no según pareces”.
            Claro está que nuestra pluma no absuelve ni condena al sujeto, juicio que sólo es de Dios. Sí podemos y debemos juzgar los hechos que son los que mandan y nos dicen qué sembró el sembrador según sea el fruto que se ve dar a lo sembrado. Sembrador que por oficio y por obligación debía necesariamente sembrar buena simiente, porque si el padre en vez de pan da veneno a sus hijos es entonces padre asesino  y si la paternidad no es física sino espiritual, ya no es tutor que cuida sino malefactor que hiere, daña y destruye a aquellos que confiaron en él viendo distinto de lo que en sus almas creían.
            Ratzinger, o si prefiere, Benedicto XVI no es una víctima.
            Si nosotros echamos una mirada retrospectiva a su mandato de hecho de estos últimos años no hay ni un solo paso hacia atrás en bien de la Tradición milenaria de la Iglesia, aunque la ingenuidad, verdadera o fingida, torpe o farisaica de algún Obispo tradicionalista vea todavía en él alguien que hizo bien a la tradición: “Por el momento pensé… Que Benedicto XVI haría un gesto final en calidad de Papa a favor de nosotros… Podría añadir que él actuó con valor, porque tuvo oposición”. (Panorama Católico 15/2/2013).
            Veamos algunos hechos significativos de estos últimos años:
° Desde su elección fue presentado por la prensa mundial como un “panzer Papa”, un tanque de guerra papal que enfrentaría a la línea más liberal de la Iglesia;
° En la “misa” de exequias de Juan Pablo II, por él celebrada, el primero en comulgar fue el Hermano Roger, en la mano, protestante, no católico, jefe de la comunidad protestante francesa de Taizé y uno de los mentores, durante Vaticano II, de la misa nueva;
° Confirmó con su firma y promulgación la herejía afirmada por la Congregación para la Doctrina de la Fe (Cardenal Levada, VIS 10 de julio del 2007, página 3) según la cual la Iglesia “subsiste” en la Iglesia Católica de manera plena, si bien las otras confesiones no católicas (anglicanos, luteranos, ortodoxos…) también son parte de la Iglesia, pero no plenamente;
° La misa nueva es el rito ordinario de la liturgia católica, santo y venerable… No correspondería brindar el derecho a celebrar la Misa Tradicional a aquellos que no reconocieran la misa nueva… La Misa Tradicional es sólo un rito extraordinario. (Motu proprio Summorum Pontificum);
° La repetición horrorosa de la Jornada de Asís (VIS, 28/10/2011);
° La Confirmación de la alianza nunca revocada del Antiguo Testamento;
° La presentación benigna de Juliano el Apóstata, asesino de mártires, en su primera Encíclica sobre la Caridad;
° La supresión del Limbo;
° El condón es un “principio de moralidad” en aquellos que no quieren enfermar a otro aunque estén matando la Gracia en ellos (VIS, 22/11/2010). Es lo mismo que fusilar con balas esterilizadas para que no haya riesgo de infección;
° La beatificación de Juan Pablo II;
° Su rezo en mezquitas y sinagogas;
° El anuncio escandaloso de la oficina de prensa del Vaticano del 22 de enero del 2013 acerca del nuevo Código de Derecho Canónico que brinda “la posibilidad de acoger en los sacramentos de la Iglesia Católica, aunque bajo condiciones específicas, a los cristianos no católicos” (Canon 844 del Nuevo Código, VIS, 22/01/13).
° Su real pensamiento acerca de Obispos, Sacerdotes y fieles tradicionalistas: “Tenemos que cuidarnos de minimizar estos movimientos. Sin lugar a dudas ellos representan un celo sectario que es la antítesis de la Catolicidad. No podemos resistirlos de forma suficientemente firme” (Joseph Ratzinger, Priciples of Catholic Theology, Ignatius Press, 1987, pág. 389-90);
° Levantó excomuniones inexistentes de los Obispos de la Fraternidad San Pio X manteniendo las de Mons. Lefebvre y de Mons. De Castro Mayer;
° Mantuvo conversaciones, acercamientos, entrevistas con el fin de “recibir” de nuevo en la comunión de la Iglesia a los que nunca la habían perdido pero que querían volver a la patria nunca abandonada en un real diálogo de sordos: “Dame lo que tengo, perdóname lo que no hice, desembarázame de lo que no me aplasta y así estaremos juntos, estando desunidos y creyendo lo contrario”.
           
Estas conversaciones, muertas antes de nacer, fueron un intento de deglutir a los tradicionalistas, al menos a una parte de ellos. Frustrado el intento, ya que Vaticano II es una valla insalvable e infranqueable que Roma no quiere quitar ni Benedicto XVI, quedó a la vista la necesaria fragmentación que aqueja a la Tradición en donde la coherencia se resigna delante del sentimiento y la Fe delante de un sello de autorización.
            El pontificado de hecho del saliente Benedicto XVI fue un huracán silencioso, un terremoto sigiloso que arrasó con los peñones católicos en pié.

            Su único gesto tradicional visible fue vestir la Museta Roja con Armiño “porque hacía frío”.


            No vemos nosotros en el campo sembrado más que el efecto de una mente fría en ejecución de sus determinaciones.
           
            No es una víctima, más bien es un victimario.

            Peor aún, la supuesta abdicación lo convierte  ahora en dechado de humildad, prolegómeno de alguna posterior beatificación.
            Lo nunca sucedido sucederá, abdica y se queda a vivir, enclaustrado, en un convento de clausura en el mismo estado del Vaticano de apenas 20 kilómetros cuadrados.
            Esa reclusión cercanísima hace que el monolito diamantino de la Autoridad Pontificia quede partido en dos, sujeto a la temporalidad, aquél que los siglos no pudieron conmover lo moverá el pequeño dedo del “Pontífice” (Pronunciando su propia caducidad, el papado romano declarará urbi et orbi que, habiendo terminado su misión y su papel de iniciador, se disuelve libremente en su antigua forma, para dejar el campo libre a las operaciones superiores del nuevo Pontificado de la nueva Iglesia y del nuevo sacerdocio que él mismo instituirá canónicamente antes de exhalar el último suspiro, Abate Roca-sacerdote apóstata- Glorioso centenario pp. 457 y 469) ; uno de los últimos bastiones quedará sujeto al incierto decidir de abdicaciones y presiones, no ya la monarquía vitalicia, perpetua, intangible. Jesucristo no dijo “Tu eres Pedro hasta que tú quieras” sinó simplemente “Tu eres Pedro”.
            Cuando los pontífices eran coronados con la Tiara Papal, el Cardenal Diácono le decía al nuevo Papa antes de coronarlo: “Accipe Tiaram tribus coronis ornatam, et scias te ese Patrem principum et regum, Rectorem orbis, et in terra Vicarium Salvatoris Nostri Jesu Christi, cui est honor et gloria in saecula saeculorum. Amen” “Recibe la Tiara adornada con tres coronas, para que sepas que eres Padre de príncipes y reyes, Rector del mundo y en la tierra Vicario del Salvador Nuestro Señor Jesucristo, a quien es el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”
            Padre de príncipes y reyes, no para que felicitara Presidentes abortistas o partidarios de los matrimonios homosexuales (ej. al Presidente de USA).
            Rector del mundo, no para que se complaciera con la “provechosa colaboración existente” con el Partido Comunista de Vietnam” (VIS, 22/01/13), recibiendo al Secretario General del Partido Comunista de Vietnam).
            Vicario del Salvador, no para rezar con aquellos que lo rechazan como Salvador (última reunión de Asís).

            Nosotros estamos en presencia de hombres sin Fe sobrenatural, hombres que aceptan sólo lo que su razón les autoriza, manifestación ante Dios y ante los postulados de la Fe de un orgullo desmedido y que en esa oposición se muestra necesariamente diabólico.
            El torque será mayor. La condescendencia no sirvió para hacer desaparecer lo que quedaba de católico. Lo que no pudo la sonrisa, lo intentará el puño.
           
            El combate por la Fe no es un combate simplemente humano, en este combate Dios no es ajeno, ni el Cielo, ni la Gracia. Es humano para los enemigos de Dios que no tienen ni a Dios ni al Cielo, ni la Gracia. Es combate que acaba como Dios quiso que acabe, no como ellos quieren. Lo que suceda entre medio no deja de ser anecdótico, temporal y pasajero. Siempre tendrá Dios quién sostenga su Cruz a los ojos de los hombres hasta que Él venga a cerrar los tiempos para siempre.
            Quiera Dios bendecirles.
                              +  Mons. Andrés Morello
                                            Patagonia Argentina, 20 de febrero del 2013.

miércoles, 4 de julio de 2012

Parada sobre Aceite

Parada sobre Aceite

Breviter (Brevemente)



Supuesto un rechazo de componenda con Roma a causa de “condiciones inaceptables” ¿Dónde queda parada la Fraternidad Sacerdotal San Pío X?

Queda parada en donde estaba. Con un corazón partido que siempre lo tuvo.

En el primer Capítulo General (año 1982) Mons. Lefebvre tuvo que silenciar a “uno de los antiguos”, por defender insistentemente a los más liberales; y éste es hoy uno de los “baluartes”. Éste “silenciado” de aquel momento no es alguien de mala doctrina, es bien educado y condescendiente, pero no es hombre de gobierno; junto a Mons. Lefebvre funcionaba bien, lejos le ganaba su corazón hacia quienes fueron quizás sus primeros amigos muy al comienzo de la Fraternidad.

Siempre entre los hombres hay una “gama” de firmezas aceptable y unos límites infranqueables, son estos últimos los que, franqueados, causan estragos en cualquier congregación.

Pongamos un ejemplo: Si no se atreven a decir o a concluir que la nueva misa es inválida, algún motivo deben tener para rechazarla y no celebrarla.

Todo principio teológico dogmático que concierne a un acto humano connota necesariamente un principio teológico moral. Si, por ejemplo, los “peligros para la Fe” son tales por la posible corrupción de la Fe, entonces han de ser evitados y a mayor peligro, mayor obligación de evitarlos.

Ahora bien, y dentro del ejemplo:

¿Es buena o es mala la nueva misa?

¿No se atreve a contestar?

Entonces, ¿Es dudosa, peligrosa, alejada de la teología católica de la Misa, causó daño a la Iglesia?

Si sí, entonces no la celebro (Mons. Lefebvre).

Si nó, entonces la puedo celebrar (Dom Gerard, Mons. Rifan).

Y si yo la celebrara, ¿Quedaría tranquila mi consciencia?

Si sí, entonces, es buena o indiferente la misa nueva.

Si nó, entonces, es mala o peligrosa.

-¡No es mala! Me dirá, entonces es peligrosa.

¿Puede ser peligrosa una misa? ¿Tiene derecho a serla? ¿Admite la Moral Católica decir una “misa” peligrosa? ¿No es similar a bautizar con una materia dudosa y a sabiendas (scienter)? ¿No es esto un pecado, aunque más no fuera de imprudencia, con el agravante de concernir a una acción que debería ser sagrada?

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X tiene divididas las aguas y ya desde hace muchos años porque todos no piensan igual y, así, no pueden querer lo mismo.

Mons. Lefebvre decía que el nuevo Código de Derecho Canónico no valía nada y la Casa Generalicia lo usa para que Mons. Williamson no pueda ir al próximo Capítulo General.

Me dirá: -¿A Usted qué le importa? Sí me importa cronológicamente (como quien constata un efecto) porque fui de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X antes que otros y algo de lo que hice en su momento les sirve ahora y porque formé al menos cuatro generaciones completas de Sacerdotes siendo Director del Seminario de Argentina de la Fraternidad. Pero, como dice Santo Tomás de Aquino, todos recibieron la misma formación “sortem tamen inaequalem” (sin embargo distinto el resultado). Vemos hoy reacciones opuestas entre ex alumnos que recibieron el mismo alimento. ¿Por qué? Por la acción disolvente de algunos profesores o directores de consciencia que siempre echaron agua al vino y lo mismo sucedió en los otros Seminarios.

Sí me importa como quien hace un análisis objetivo de algo que ya no le afecta pero que puede dañar a hombres íntegros y valiosos que conocí y aprecio por lo que merecen.

La única manera de conseguir una acción de conjunto es que ésta sea dirigida por un pensamiento uniforme. Si en un ejército todos piensan distinto y se gobiernan a si mismos de esa manera, entonces, cada quien hará lo que quiera y la guerra estará necesariamente perdida.

¿Qué consiguió Ratzinger?

Todavía no se tragó al pez pero acentuó la división del cardumen. Será ver ahora quiénes controlan las aguas y cuánto contribuye Roma a aumentar la división. Roma no quiere abrazar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, quiere sofocarla como hizo hasta ahora con todos los que pactaron con ella. Si Roma cambió, como dicen varios, ¿Por qué no cambió respecto a otros dejando que la Tradición corriera libremente entre los “arreglados”?

Note Usted que no digo que Ratzinger causó la división, la división ya estaba y él supo poner el dedo en la llaga.

Unum sentire (un mismo sentir).

Unum velle (un mismo querer).

Unum agere (un mismo obrar).

Mientras quede libre el pensar si es buena o nó la misa nueva, si valen las nuevas ordenaciones, si se puede usar el nuevo Código de Derecho Canónico (yo agregaría, si puede mandar quien manda todo eso) la Fraternidad Sacerdotal San Pío X seguirá parada sobre aceite y es fácil empujarla y hacerla caer.

La duda positiva práctica (al menos probable) en materia grave es más que suficiente para juzgar mala una cosa o una acción y, consiguientemente para rechazarla por completo. Fue lo que nos enseñaron y enseñé durante años en Teología Moral (“Aquél que no tiene un juicio práctico cierto de la licitud de una acción no puede obrar, y si necesariamente debe obrar, está obligado a lo más seguro… A lo que más remueve el peligro de obrar mal, por eso el axioma -en las dudas prácticas debe elegirse el camino más seguro-” Benedicto Merkelbach, O.P., Summa Theologiae Moralis T.1, n. 215, Desclee, París 1938, P. 200) (Manuale Theologiae Moralis, J. Prümmer, T. 1, n. 329 y ss.).

No es lícito reducir a una discusión de Teología Dogmática lo que necesariamente conlleva una acción externa responsable; aquí Teología Dogmática y Teología Moral deben responder juntas de lo bueno o de lo malo, de lo erróneo o de lo verdadero.

Mientras tenga lugar un pensar o un querer liberal habrá una raíz de fragilidad o unos piés de barro en el coloso de hierro, que por lo mismo no será tal.

- ¡Usted es rigorista!

Basta con que Usted lo pruebe, digo, con argumentos, nó con dichos de otros. En ese caso, deberá Usted permitir que yo pruebe su liberalismo tanto teórico como práctico y, por lo mismo, una incapacidad radical (sufrida por muchos) de ganar esta guerra.



Ave María Purísima.

4 de julio del 2012.

+ Andrés Morello

sábado, 3 de septiembre de 2011

La Santa Iglesia Católica, Sociedad Sobrenatural


La faz visible y humana de la Santa Iglesia Católica presenta un aspecto pobre, degradado y triste. Pobre por la enorme cantidad de católicos que la abandonan para cambiar de religión (sólo en América Latina son 10.000 por día); degradada en la moral de sus ministros, (baste considerar los casos públicos de perversiones que no han sido pocos sinó cientos y cientos); y por último triste como consecuencia de lo anterior aunque oficialmente quieran dar una imagen exitosa porque el mundo opuesto a Dios los aplaude o los que lo gobiernan se complacen en estrechar las manos eclesiásticas. Una mano que permite el bombardeo de inocentes, o los asesinatos de los abortos o el más completo libertinaje ¿Merece el apretón sólo porque es mano de gobernante o merece la recriminación que se calla, la condena que no se escucha, la claridad que no se deja ver ni en encuentros, ni en sermones, ni en discursos? “A quien me negare delante de los hombres Yo le negaré delante de mi Padre” (S. Mt. 10, 33). Callar lo que debe decirse es una manera de negar.
La consideración de la faz humana de la Iglesia desde la muerte de S.S. Pío XII en 1958 a la fecha con la hecatombe del Vaticano II, de la reforma de las Consagraciones Episcopales (1968), y de la misa nueva (1969) y de todas aquellas que se siguen de las anteriores, puede considerarse de muchas maneras y obispos y sacerdotes fieles a la Tradición Católica la han explicado muy bien. Quisiéramos nosotros mirar a la Santa Iglesia en sí misma, tal como Ella fue fundada por Nuestro Señor Jesucristo, es decir, considerada como Sociedad Sobrenatural.
Hay cosas que son sobrenaturales de manera absoluta o de manera relativa según enseña el Dogma. Lo sobrenatural es, como lo dice la palabra, lo que supera las exigencias de la naturaleza, está por encima de ella, pero esto puede pasar de dos maneras, relativa cuando es algo que supera las exigencias de una determinada creatura (ej. que un pez salga caminando del mar es imposible al pez, no a un animal terrestre y con patas y locomoción) absoluta cuando aquello de lo que se habla supera las exigencias de toda creatura (ej. la vida de la Gracia, propia de Dios y sólo recibida como sobrenatural en Ángeles y Hombres). La Santa Iglesia entra aquí ya que, aunque tenga una faz visible compuesta por hombres, abstracción hecha de los mismos, lo demás de su Constitución es sobrenatural.
La Santa Iglesia, y lo aclaramos, no es Santa por la bondad accidental de sus miembros sinó por su entidad propia de Esposa de Jesucristo el cual es su Cabeza, su Rey, su Señor y su Dios. En este Orden, aún si por un absurdo todos los miembros de la Santa Iglesia estuvieran en pecado mortal a la vez, Ella no dejaría de ser Santa que es algo esencial en Ella. Esta sola afirmación basta para echar por tierra la noción del nuevo vaticano de “iglesia viviente” como si Ella fuera progresando y evolucionando con las épocas y hasta la consumación de los siglos. Todas las naturalezas son fijas e inmutables sinó dejarían de ser lo que son para ser otra cosa; así la Santa Iglesia fundada por Jesucristo no es sólo una entidad moral como si fuera un club sinó un verdadero cuerpo místico con entidad, Cabeza, Vida propia y miembros. Lo que suceda a la Iglesia durante la historia poco importa, aunque lo suframos, en su naturaleza y en su existencia Ella es intangible a la maldad de sus enemigos aunque sí puedan sufrir penas sus miembros aún vivos, por eso el Catecismo enseña aquello de la Iglesia triunfante (en el Cielo los ya salvos), la Purgante (los salvos, aún en el Purgatorio) y la Militante (en la tierra) que sufre los vaivenes de la historia.
La Santa Iglesia recibió de Jesucristo Nuestro Señor la forma de una Institución, única y peculiar, sagrada y de orden sobrenatural, es decir, que supera de suyo las exigencias de toda institución humana ya que ninguna de por si puede pretender tener la Vida Divina, sólo propia a Dios y concedida gratuitamente por Dios a quien El quisiera. “Si yo quiero ser bueno ¿Qué mal te hago?” (S. Mt., 20,13)
La Santa Iglesia, si no miramos los hombres vivos que la componen, es sobrenatural por donde la miremos:

La Santa Iglesia Sociedad esencialmente Sobrenatural

º Por su origen = Fundación ……….. “Tu es Petrus”, (S. Mt.16,18)
º Por los medios de que dispone……... Misa, Sacerdocio, Eucaristía, otros Sacramentos.
º Por los efectos que produce (todos sobrenaturales) ………. Gracia, remisión del pecado original, perdón de los pecados, infusión del Espíritu Santo, etc.
º Por el Fin al que conduce…………... La Gloria Eterna (la visión beatífica supera las exigencias de cualquier creatura).
º Por los medios que usa Dios
para con Ella ……………………. La Gracia, los Dones del Espíritu Santo, Dios mismo dándose a los hombres, toda la Corte celestial (la Santísima Virgen, los Santos Ángeles, los Santos)

No es el fin de este artículo que expliquemos cada renglón del simple esquema de las líneas anteriores; pero sí lo es que considerando a la Santa Iglesia en sí misma, en lo que la hace ser tal, Ella es completamente sobrenatural, no tiene origen humano sinó divino ya que fue fundada por Nuestro Señor, Dios verdadero de Dios verdadero; los medios principales que utiliza y que también le fueron dados por Jesucristo son del mismo orden sobrenatural: La Santa Misa, la Sagrada Eucaristía que allí se confecciona, los Sacramentos que dan la primera Gracia o la restauran si se perdió (Bautismo, Penitencia), los otros que la presuponen pero son capaces de aumentarla, de una manera especial la Sagrada Confirmación que infunde al mismo Espíritu Santo y el Sacerdocio que hace capaz de las acciones sagradas, particularmente, de absolver y consagrar.
Todos esos medios de la Santa Iglesia causan la Gracia que es un efecto sobrenatural y todos conducen a conquistar el Cielo que también es de esa condición superior, inmerecida de suyo para toda creatura.
Más aún, Dios mismo se vale Él, sea por medio de la Iglesia, sea por Si mismo de medios sobrenaturales para conservar, aumentar y sostener a la Santa Iglesia, comunicando la Gracia que es una participación creada de su vida íntima, haciendo al hombre capaz de recibirla, infundiendo al Espíritu Santo y sus Dones en él, más la ayuda que brinda a la Iglesia y a las almas por medio de la Santísima Virgen, los Ángeles y los Santos.
Las Instituciones se definen por su fin. La Santa Iglesia lo tiene doble, aunque uno dice el otro, cuanto a Dios su gloria, cuanto a nosotros la salvación. Si miramos bien esto encierra toda la vida de la creatura racional (“Laudate Eum omnes gentes” “Alabadle todas las gentes” Salmo 116, 1) y toda la eternidad de los salvados (“Nunc autem cognoscam sicut et cognitus sum” “Entonces conoceré como soy conocido” I. Corintios 13,12).
Hemos visto brevemente como es la Iglesia en su intimidad. Ahora bien una cosa buena debe usarse bien y si además es sagrada debe usarse santamente.
La Iglesia, Santa de suyo, está apoyada como en tres pilares: La Fe que enuncia toda la Doctrina que Ella cree y Dios reveló (“Nunca nadie vió a Dios: El Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Él lo dio a conocer” San Juan I, 18); el Culto que es la expresión de la Religión y de dicha Fe (“Haced esto en conmemoración mía” San Lucas 22, 19); y la Moral o la conducta capaz de salvar y que se sigue necesariamente de lo que se cree y de lo que se reza (“¿Aquél que fijó el ojo no verá?” Salmo 93, 9).
Quisiéramos detenernos un poco en el primer pilar, en la Fe.
¿Qué es la Fe? La reverencia de la inteligencia. En latín diríamos “aquiescere”, la aquiescencia; más simple: La reverencia sumisa de nuestra inteligencia, la aceptación reverente de nuestra inteligencia a la verdad revelada, a toda, porque es Dios quien revela que no miente ni puede mentir. ¿Por qué a toda la Fe? Simple, porque si Dios se da a conocer, si Dios nos revela su ser, su intimidad, su Verdad, breve, lo que debo creerle, justamente, no puedo no creerle y si no le creo algo entonces no creo en Él, por eso decimos en teología que la negación de una verdad de la Fe es negación de toda Ella porque en algo ya no le creeríamos a Dios, es decir, ya no estaría esa reverencia de la inteligencia a Dios que revela y no puede mentir.
Así entonces la Fe supone aceptación (la Verdad misma se revela) y reverencia como disposición básica, necesaria y elemental delante de Dios. San Benito en su Regla, aplicando esto a la vida monacal y entendiendo que en ella se obedece a Jesucristo tanto en las órdenes cotidianas como en los horarios y disposiciones, dice “monachus non suffert mora in obedientia” (“el monje no sufre demora en la obediencia), no puede dejar esperando a Dios.
Nosotros profesamos la Fe de la Iglesia Católica, es Ella quien confiesa cree y transmite una Fe sobrenatural, para eso fue fundada por Nuestro Señor. Si la Fe era esa reverencia a lo que aludíamos, ésta no puede faltarle a la Santa Iglesia. Si es esencialmente una institución sobrenatural y sagrada para creer y transmitir la Fe y así salvar a los hombres, entonces dicha reverencia no puede faltarle, es algo exigido por su misma esencia lo que en teología diríamos “un Proprio”= algo que surge necesariamente de la esencia completa.
Entonces, y aquí queríamos llegar, la Iglesia Católica siempre tiene, debe tener, no puede no tener esa reverencia a la Verdad revelada y que por eso es enunciada con tanta seriedad, claridad, precisión y delicadeza en sus dogmas. Si no encontráramos esa reverencia no estaría allí la Santa Iglesia, si no hubiera obediencia soberana a la Verdad tendríamos delante cualquier engendro humano, nó a la Esposa de Jesucristo.
¿Cómo diríamos esto de otra manera? Diríamos y decimos que la Iglesia Católica en razón de esa necesaria obediencia a la Verdad revelada goza de la infalibilidad habitual, sea ella ordinaria o extraordinaria es tal su predisposición constitutiva ante la verdad de Dios que Ella no puede errar ni inducir a error (“El Soberano Pontífice no puede comprometer a la Iglesia en el error…” Benedicto XIV, Card. Prospero Lambertini, año 1734, ref. Dicc. Apolog. de la Fe, D’ Alés col. 1130 y ss.), lo cual es evidente porque de Ella depende toda nuestra Fe y, lógicamente, nuestra salvación. “En la Iglesia no puede haber error condenable” (Santo Tomás de Aquino, Quodlibet IX, q. 7).
Esa infalibilidad se muestra extraordinariamente en las definiciónes ex cátedra que suelen ser pocas y poco frecuentes y de manera ordinaria en la enseñanaza habitual del Soberano Pontífice y de los Obispos de todo el mundo cuando repiten y enseñan la Doctrina bastando con que quieran que lo que dicen sea entendido por los fieles como algo de nuestra Fe y que debe creerse así. (J. Salaberry S.J., Tractatus de Ecclesia Christi, III, nº 647 et s.s., BAC Sacrae Theologiae Summa, T I pág. 701, ed. 1962). Se ha de mostrar también en las prescripciones del culto si consideramos el principio teológico de la Santa Iglesia “lex orandi lex credendi”, “ la ley del orar estatuye la ley del creer”, es lógico, lo que rezamos es lo que profesamos: Entonces ¿Dónde queda el ecumenismo actual, la libertad religiosa, el indiferentismo religioso, las nuevas oraciones, el culto cambiado, la misa nueva?
No puede inducir a error. Si induce no es Ella. Vimos la imagen triste de la Iglesia visible actual, acabamos de ver la entidad sobrenatural, Santa y veraz de la Santa Iglesia en sí misma. Delante de una y de otra ¿Cuál es nuestro combate?
¿Qué debemos defender? Lo que la Iglesia es, lo que enuncia nuestra Fe y nuestra vida cristiana: La Doctrina, el Culto, la Gracia.
¿Ante quien? Delante del mundo enemigo de Dios, delante del diablo y todo el infierno, delante de la iglesia conciliar que no es hechura divina.
De acuerdo, pero ¿Cómo ha de ser nuestro combate? Una pelea se establece de dos maneras, mirando la naturaleza de la causa y la condición de los sujetos. En nuestro caso la causa es causa de la Santa Iglesia y por eso es causa nuestra, entonces es un combate sobrenatural pero no basta con eso, es combate según nuestra propia condición de hombres ya que no somos sólo espíritus. La Iglesia se debe defender como lo hicieron los Santos, por algo nos fueron propuestos como arquetipos del cristianismo.
Entonces: La oración y la penitencia, básicas y necesarias, pero no es todo ni suficiente. Falta la predicación, las misiones, (ej. S. Vicente de Paul); las obras de misericordia (S. Benito Cottolengo, en su Piccola Casa de Turín llegó a haber 3000 monjitas ocupadas en los enfermos); las escuelas (S. Juan Bosco); la importancia dada por los Soberanos Pontífices a la Realeza Social efectiva de Nuestro Señor (San Pío X, Pío XI, Pío XII); las Cruzadas y aquella lucha extraordinaria de Lepanto, procurada, predicada, impulsada por S. Pío V que salvó a Europa de ser musulmana como en España la Reconquista contra el moro; la restauración de las Órdenes Religiosas considerada que la vida religiosa es de la naturaleza de la Iglesia.
Debemos ser claros, no basta con rezar, ni con rezar y reflexionar para identificar el peligro. La advertencia no alcanza para ganar un combate. Desde “Juan XXIII” en adelante los “Pontífices” dejaron de mirar a Dios para volverse hacia el mundo, así, abandonaron al mundo a si mismo y por eso deriva convulsionado, confuso y sin paz ni gracia. Debemos volver el mundo a Dios. Volver a hacer lo que hicieron los Santos y como ellos lo hicieron. Hacerlo con la confianza que Dios merece “Ero vobiscum usque ad consummationem saeculi” “Estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos” (S. Mateo 28, 20); hacerlo mientras Dios nos de vida. En ningún lugar de la Sagrada Escritura dice que debamos dejar de predicar porque el enemigo es grande y poderoso, eso sabe más a herejía o a miedo. Contrariamente antes de subir a los Cielos Nuestro Señor dijo a los Apóstoles “Id y enseñad a todas las gentes bautizándolas…” (S. Mateo 28, 19). El combate no es porque nos guste, es justicia respecto a Dios y a su Santa Iglesia, no podemos permitir que traten de destruirla y perder a las almas. Entonces, si es por Dios y por las almas, que sea con caridad en la intención porque ambos, Dios y las almas, cada cual a su manera, merecen nuestra caridad; que sea con caridad en los modos ya que quien quiere respeta aunque hiera si dice la verdad y con caridad en los medios ya que no peleamos con las argucias del mundo, con la mentira y el susurro sinó con los modos de Jesucristo y de los Santos.
Si bien miramos es siempre lo mismo. Si yo reverencio a mi madre no permito nada que la dañe, la ofenda o la hiera. Si reverencio a Dios Nuestro Señor y a su Santa Iglesia, Una, Santa y Católica, la Fe me exige todo por ellos.
Valga un ejemplo tomado de la historia eclesiástica de Francia en tiempos de la Revolución del siglo XVIII. La venerable María Luisa de Francia, en el mundo hija de Luis XV y tía de Luis XVI, en Religión Madre Teresa de San Agustín, Carmelita, Priora del Carmelo de Compeigne, martirizada con quince compañeras más en Agosto de 1789 y beatificada con ellas por su Santidad Pio IX, escribía lo que sigue a la superiora del Carmelo de Bruselas (Bruxelles): “Je ne consens pas aux changements qu’on veut faire, je veux vivre et mourir… (Carmelite)… Comme je l’ai promis a Dieu par voeux… Je ne puis… Je n’en veux!” “Yo no consiento a los cambios que se quiere hacer, yo quiero vivir y morir (Carmelita) como lo prometí a Dios por votos…¡Yo no puedo… Yo no quiero!” (Petits Boullandistes, Tomo XV, 23 de diciembre, edición de 1878).

Lo mismo decimos:
Porque nosotros no podemos,
porque Dios lo merece y lo prometimos,
por eso no queremos.


Quiera Dios bendecirles y enardecer sus almas en el servicio de Dios.

25 de agosto del 2011, San Luis Rey de los Francos.

+ Mons. Andrés Morello.



lunes, 5 de abril de 2010

Lo Natural, lo Digno, lo Degenerado

Se sienten ya las campanadas de la Pascua rompiendo el silencio sepulcral de la Pasión Cristo. La Sangre del Calvario y de la Sagrada Víctima alcanzó, en aquél supremo acto de amor y de dolor, la Redención posible de toda alma. La Redención posible, ese es el terreno en que se pasa toda la vida, en que los hombres le disputan a Dios o nó el señorío sobre sí mismos.
Todo hombre fue creado para el Cielo, teniendo de Dios cuanto le pueda ser necesario para salvarse. En la vida de cada hombre, de las naciones, de las civilizaciones y del mundo queda plasmada la agradecida y serena aceptación de aquella Sangre redentora o su orgulloso rechazo. A eso queda reducida toda la historia humana, a besar las huellas del Cordero de Dios o a escupir su rostro como aquellos que quisieron su muerte.
Estamos en cercanías del Calvario redentor y de la Pascua verdadera. En esas cercanías se enrarece el ambiente de las noticias con casos escandalosos de sacerdotes, en varias partes del mundo, de moral degenerada.
La prensa disfruta del espectáculo de ver por tierra a quienes habrían de vivir y defender la virtud, de quienes personal e institucionalmente deberían atacar siempre los postulados del mundo.
¡Asombrosa es la rareza! Se queja indignado el mundo de que esos sacerdotes hagan los pecados que hace el mundo y que el mundo defiende. El mundo pide las libertades más amplias para las inmoralidades más degradantes que puedan concebirse a la vez que denigra a los sacerdotes inmorales y degradados porque hicieron esas inmoralidades.
Arrinconada por lo penoso y vergonzoso del espectáculo y por la burla social ¿Qué hace la Iglesia Oficial? Le pide perdón al mundo. Perdón al mundo en vez de pedirlo a Dios. Le pide perdón al mundo que propugna, defiende y propaga esos vicios, porque sus sacerdotes hicieron lo que el mundo hace.
¿Qué le ha pasado a ese Clero? Los siglos de la historia han enseñado siempre la misma verdad: Cada vez que disminuyó la marca en el termómetro de la Fe y del fervor religioso, inversamente creció el del paganismo y sus lacras. Esa es la realidad contemporánea.
Pero ¿Y el Clero? ¿No habrá de ser distinto en él? Claro que sí, a no ser que las órdenes fueran otras y sí lo fueron.
Desde Vaticano II (1964) la cantinela es la de la apertura al mundo. Esa es la diferencia. La Santa Iglesia siempre combatió los postulados del mundo y sus malas costumbres, siempre quiso convertirlo pero no en la pista de baile. Desde Vaticano II se implantó la costumbre de mundanizar al Clero para que el mundo no lo rechazara. “-Dejen la sotana y con ella la modestia religiosa; ya no haya distancias en el trato; ablanden las Reglas que les hacían llevar una vida más sufrida como sufrida fue la de Cristo; diarios, televisión, cine e internet porque hay que estar informado (aunque diga la Sagrada Escritura: “No hay nada nuevo bajo el sol”, Ecles. I, 10) y aunque el saber lo malo muchas veces induzca a hacerlo. Decía San Bernardo que saber lo malo no es saber sinó ignorar.
Pusieron al Clero en el pantano y a dar brazadas; ahora huele, apesta y descompone.
Vayamos a los principios.
Todo está encerrado en la aceptación o en la negación del Pecado Original. Si no lo hubo todo es bueno, nada es malo, nada peligroso, no hay pasiones en desorden ni inclinaciones que haya que corregir; si en cambio sí lo hubo razón de más tuvo la Santa Iglesia de formar las virtudes en su Clero y mantenerlas en él con las prácticas y la disciplina de la vida sacerdotal y religiosa.
Aquí llegamos al título de este artículo: Lo Natural, lo Digno, lo Degenerado.
Lo Natural. Ya no hay natural en el hombre como salió de las manos de Dios. El Pecado Original no destruyó nuestra naturaleza como lo quiso Lutero pero sí la hirió, la degradó, le dejó inclinaciones que no son las de Dios (“Siento en mis miembros una ley contraria a la Ley de Cristo”, Rom. VII, 23); la privó de aquellos Dones gratuitos del Paraíso Terrenal (la inmortalidad, la ciencia infusa, el control de las pasiones) y la dejó herida en sus capacidades naturales (la ignorancia en la inteligencia, el desorden en las pasiones, la enfermedad y el cansancio en las fuerzas físicas, la voluntad debilitada para el bien).
Desde el pecado original ser bueno no es imposible pero supone lucha y esfuerzo (“Yo reduzco mi cuerpo a servidumbre”, I Cor. IX, 27; “Si alguien quiere venir en pos de Mi niéguese a si mismo”, S. Mt. XVI, 24). De allí que si la sociedad en la cual se mueve el hombre le ofrece un ambiente insalubre en su moral y lleno de malas ocasiones tanto más difícil será ser bueno aún valiéndose de los medios de la Gracia y del esfuerzo del combate cristiano.
¿Qué sucedería si quitáramos importancia a ese combate y la eficacia a los medios sobrenaturales?
No se vería la inmoralidad como un peligro, ni la ocasión como un riesgo, ni las armas servirían aún en el caso de usarlas.
Esto no es más que una foto del panorama actual de la Iglesia Oficial. Le dijeron al hombre y a su Clero: “- Tus inclinaciones son naturales, el mundo es bueno no le temas ni te apartes, tienes que estar informado, válete de los medios modernos que te ofrecen, tu también eres del mundo, vive como él, la maldad no está en la cosa, ni en la moda, ni en la costumbre sinó en la intención que tu pongas”.
Han hecho con el cristiano y sobremanera con los sacerdotes y los religiosos, y esto durante los últimos cincuenta años, lo mismo que han hecho en ciertas democracias contemporáneas que parecen hacer todo lo posible para sucumbir: La destrucción y reducción sistemática de sus ejércitos. ¿Por qué decimos esto? ¿Por afán militarista? No señor, por sentido común. Todo cuerpo tiene anticuerpos que le defienden de los agentes patógenos y enfermantes que pueden atacarle. No atacar es ser pacífico, pero no defenderse o no estar preparado para hacerlo es suma imprudencia. No se trata de defenderse de la maldad del vecino, quien puede ser bueno, sinó de aquél que eventualmente puede ser malo como toda la historia de los hombres lo enseña. Los países menos beligerantes de la tierra, como Suiza, tienen ejércitos eficaces, suficientes y bien pertrechados. ¿Qué buscamos decir? Buscamos poner un ejemplo entendible que podamos aplicar a nuestro tema. Vayamos a él.
¿Qué cualidades debe reunir un buen soldado?: Instrucción (en su inteligencia para saber su oficio); Ejercicio (saber ejecutar eficazmente lo aprendido); Vigilancia (de nada serviría lo anterior si el ataque le sorprendiera sin estar en guardia “cuando el hombre fuerte armado cuida su casa entonces están en paz las cosas que posee, si alguien más fuerte llegare y le venciere y le quitare las armas en las cuales confiaba entonces repartiría sus despojos”, S. Lc. XI, 21.22); Carácter (las virtudes que lo hacen recio y que rigen el uso de las armas).
Las mismas cualidades valen para el varón cristiano y sobretodo para el Clero, nó por nada dijo el Patriarca Job “la vida del hombre sobre la tierra es milicia”, Job VII, 1: Instrucción en la Fe y Doctrina verdaderas que por oficio debe saber y enseñar (“Id y enseñad a todas las gentes”, S. Mt. XXVIII, 19); Ejercicio de las Virtudes que hacen y mantienen cristiano al hombre no permitiéndose nada que pudiera apartarlo de Dios (“no queráis amar al mundo ni nada de lo que hay en él” I S. Juan II, 15; Vigilancia, estar en guardia contra el error y las ocasiones malas “vigilad no entréis en tentación…porque la carne es flaca” S. Mc. XIV, 38); considerar que entre los hombres los hay buenos, frágiles y malos. No hay nada cristiano en las costumbres que enseña el cine y la televisión, nada modesto en las modas que inundan las ciudades, los solteros se portan como esposos y los esposos como solteros, los gobiernos dejan matar niños y olvidarse de los mayores, la única moral es la moral impositiva aunque los impuestos provengan de los lugares indecentes; ya no hay lugares indecentes si el Estado puso su sello de aprobación, no importa cual sea el sujeto o el objeto del placer aunque sea el mas aberrante; Carácter que es la reciedumbre necesaria para defender el bien de Dios, de su Iglesia y de las almas y sobreponerse a sí mismo ya que todo hombre carga el lastre del Pecado Original que juega a hacerle traición. Todo esto resumido hace lo Digno que es ser según Dios o lo Degenerado que es despreciar su Ley. Cuando el hombre no busca ser bueno ya no cae en las faltas de los hombres sanos sinó en la corrupción de los degenerados.
Los escándalos actuales de tantos sacerdotes malos no son algo insólito entre los hombres del mundo sinó la moneda corriente. ¿Qué podemos esperar de ciudades en las que los hombres se casan con los hombres? Peor, ciudades en las que dicen que eso es un derecho tan grande como casarse como Dios manda. Las ciudades contemporáneas pululan de vicios que hasta da pudor nombrarlos.
El mundo odia a los sacerdotes de sotana y de vida austera, reniega de los que le señalan sus desvíos y de los que le enseñan una vida casta.
Ese mismo mundo se rasga las vestiduras ante la conducta degradada de sacerdotes caídos en los desvíos a los que el mundo quiere dar derecho, como si les dijera: “¡Inmundos, hacéis lo mismo que nosotros!”.
No es al mundo a quien hay que pedir perdón sinó a Dios por haber permitido e inducido tamaña degradación en los sacerdotes y religiosos. Les quitaron la instrucción, las virtudes, el celo y las armas y lloran ahora sus derrotas.
El Clero contemporáneo, sus sacerdotes y obispos no son más que un efecto natural de la destrucción sistemática y voluntaria de nuestra religión que ellos mismos hicieron, unos por indolencia y comodidad, otros por diabólica maldad.
Sólo el regreso inapelable a la verdadera Doctrina, a la Misa y Sacramentos de siempre, a la conducta intachable y virtuosa, a la vida de oración y a la oposición diametral a lo que el mundo quiere puede permitir que haya sacerdotes buenos y confiables (“porque no sois del mundo”, S. Juan XV, 19).
Esto es imposible de suyo dentro del ámbito de la misa nueva, de Vaticano II y sus reformas, ellos mismos no quieren las armas del Clero que ellos mismos destrozaron.
La corrupción cesa cuando cesan sus causas. Esto no es enfermedad de algunas células sinó una infección generalizada de un organismo débil que no quiere usar los remedios adecuados.
En las cercanías de la Pascua no pidamos imposibles. No pidamos que se comporte bien el Clero modernista. No podría hacerlo con males y sin remedios. Pidamos que cese el modernismo que como virus infeccioso todo lo que toca lo contagia. Sólo los medios que mantuvieron en pié dos mil años al sacerdocio pueden seguir haciéndolo, el resto es ilusión.
Santas Pascuas.

Patagonia Argentina, abril 2 del 2010.
+ Mons. Andrés Morello.