martes, 8 de abril de 2014

Ordenación a la 1ra. Tonsura y Diaconado

Homilía de su Excelencia Andrés Morello en la Fiesta de San Gabriel Arcángel
Con Motivo de la Ordenación a la 1ra. Tonsura y Diaconado
En el Monasterio Nuestra Señora de Guadalupe.

¡Ave María!
            Dios Nuestro Señor nos ha dado la Gracia de poder realizar esta ceremonia sagrada de ordenaciones.
            En las sagradas ordenaciones la Santa iglesia despliega toda la belleza del culto católico, la grandeza de sus ceremonias y deja ver en los gestos sagrados y en las oraciones los misterios profundos que celebra.
            No son ceremonias nuevas ni novedosas, sinó ceremonias que la Santa Iglesia realiza de igual manera desde hace siglos y en las cuales queda a salvo de una manera inigualable la ortodoxia del culto y la integridad de la Fe Católica.
            Asistimos hoy a los dos extremos del ascenso al Altar de Dios; los dos extremos de la proximidad al Santísimo Sacramento y al Santo sacrificio de la Misa.
            A medida que el ministro de Dios, desde la Tonsura al Sacerdocio, va acercándose a la Sagrada Eucaristía hasta poder confeccionarla, a la vez va teniendo un poder mayor sobre las almas hasta poder, inclusive perdonar los pecados y devolver la Gracia.
            En la 1ra. Oración de la Tonsura dirá el Obispo:
-Ut donet eis Spiritum Sanctum qui habitum religionis in eis perpetuum conservet.
“Para que les de el Espíritu Santo, el cual conserve en ellos el perpetuo Hábito de la religión”
            Es lo primero en aquellos que se disponen a servir a Dios, conservar el hábito de la religión. Ese hábito no es solamente el que se ve sinó principalmente la virtud de la religión que es pagar nuestra deuda de justicia para con Dios. Es la expresión habitual, cotidiana, perpetua de servir a Dios con prontitud y sólo a Él.
            Por la fuerza, si queremos servir a Dios no podemos servir a aquello que se le opone y, por lo mismo, la misma oración que dice el Obispo continúa diciendo:
-Ac saeculari desiderio corda eorum defendat.
“Y defienda sus corazones del deseo del siglo”.
            Es la expresión, en otras palabras, de aquella afirmación de Nuestro Señor, “no podéis servir a dos señores”.
            En el servicio de Dios y, naturalmente, la cercanía con Dios hace ver la realidad tal cual es y no dejarse llevar por la imagen engañosa de la creación deformada por el diablo y por el hombre.
            Por eso agrega el Obispo:
-Et ab omni caecitate spirituali et humana oculos eorum aperiat et lumen eis aeterne gratiae concedat.
“Y abra sus ojos de toda ceguera espiritual y humana, y les conceda la luz de la Gracia Eterna”
            Cuando la ceremonia ya forma parte de la ordenación al Diaconado las palabras del Obispo dejarán en claro de qué se trata “toca al Diácono servir al Altar”.
            El servicio del Altar y, por lo mismo, el servicio de las almas, es lo propio y lo específico de los Diáconos.
            En el Antiguo Testamento la tribu de Levi era la tribu sacerdotal, imagen del sacerdocio que habría de instaurar Nuestro Señor Jesucristo. Aquella tribu no tenía heredad, no tenía tierra o porción en la Tierra Prometida. SU PORCIÓN ERA DIOS, DOMINUS PARS, EL SEÑOR ES MI PARTE.
            Así la porción y la herencia del Diácono, cercanísimo al Sagrario y al Santísimo Sacramento es Dios y nada más.
            Servir a Dios es pelear contra todo lo que se opone a Dios.
            Es un dogma liberal que Dios no tiene enemigos, un dogma contrario a toda la enseñanza de Jesucristo Nuestro Señor “si a Mí me persiguieron a vosotros os perseguirán”.
            Es lo que dirá desde hace siglos la liturgia de esta ordenación: “mantenga una incesante lucha contra los enemigos”.
            Cuando el Obispo enumera las virtudes del Diácono dira:
-ESTOTE NITIDI (CLAROS)
“Sed Nítidos”.
            POR SER COOPERADORES DEL CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR,
            AJENOS A TODO DESEO DE LA CARNE.
            Es la razón de ser más profunda de la castidad sacerdotal, la inocencia de aquellos que sirven al Altar y al Santísimo Sacramento.
            Debemos ya concluir para no hacer tan larga esta ceremonia.
            Debe quedarnos en claro algo que los hombres olvidamos cada día, algo que el mundo niega con todas sus fuerzas, algo que la iglesia nueva repite con el mundo.
            La forma de la ordenación, lo más importante, dice así:
ACCIPE SPIRITUM SANCTUM AD ROBUR
ET AD RESISTENDUM DIABOLO ET
TENTATIONIBUS EJUS.
“Recibe el Espíritu Santo para confortarte
y para resistir al diablo
y sus tentaciones”
            La Gracia y con ella el Sacerdocio y la Santa Iglesia mantienen una lucha perpetua, una guerra sin tregua contra una realidad perversa que busca apartar de Dios, contra el diablo y nuestra naturaleza herida. Ni la naturaleza está sana ni el diablo es bueno.
            Por eso esa guerra permanente es guerra de virtudes contra vicios y de Gracia contra pecados, es guerra sobrenatural.
            De allí que el Prefacio de la ordenación describe así el alma del Diácono:
            “Abunde en él toda forma de virtud, la autoridad modesta, el pudor constante, la inocencia de la pureza, la observancia de la disciplina espiritual.
            Brillen en sus costumbres tus preceptos”.
            Es la más bella conclusión: Quien sirve a Dios debe brillar por cumplirle a Dios, debe ser una copia hermosa del único Redentor de los hombres, la realización de lo que Dios desea para los hombres y especialmente para sus ministros.
            Todo esto no es ni puede ser obra humana sinó obra de la Gracia, pero Gracia que Dios creó y que quiere derramar en las almas. No es más que querer y hacer en el tiempo lo que Dios quiere desde siempre.
                                   ¡Ave María Purísima!

                                                    25 de marzo del 2014


1ra. Tonsura: Brother Antony  Mary Joseph 
Diaconado: Brother Anthony Paul.

Hermanos Dominicos de la Iglesia del Sagrado Corazón en Lawrence, Massachusetts.









Hermanos Dominicos de la Iglesia del Sagrado Corazón en Lawrence, Massachusetts.

Subdiaconado en la Iglesia de ellos el 7 de junio de 2013.












domingo, 2 de febrero de 2014

Purificación de la Santísima Virgen María.

     Purificación de la Santísima Virgen, San Bernardo:





   “En el día de hoy, la Virgen Madre introduce al Señor del Templo en el Templo del Señor; presenta José al Señor, no un hijo propio sino el Hijo amado del Señor, en el que ha puesto Él todas sus complacencias. El justo reconoce al que esperaba; cántale con sus alabanzas la viuda Ana. Por vez primera celebraron estas cuatro personas la Procesión, que en adelante había de ser alegremente festejada en toda la tierra, en todos los lugares y en todas las naciones. No nos extrañe que haya sido tan pequeña esta primera Procesión; porque el que allí era recibido se había hecho también pequeño. No apareció en ella ningún pecador; todos eran justos, santos y perfectos” (S. Bernardo, Sermón  1º para la fiesta de la Purificación de Nuestra Señora).

domingo, 5 de enero de 2014

Saludo de Navidad Monseñor Morello



Compañía de Jesús y de María

Reverendos Padres
Queridos Fieles
           
            Quiera Dios bendecirles.
            Este es mi saludo navideño un poco tardío a causa de los inconvenientes de salud de los últimos cuarenta días. Acostumbrado a tener buena salud fue algo novedoso para mi el verme enfermo o convaleciente, aún así, se que nada escapa a las manos de Dios. Quien durante todo este tiempo me cuidó y protegió como durante toda la vida.
            Debo agradecerles la exquisita caridad que mostraron para conmigo, sus oraciones y preocupación que superó en mucho lo poco que yo pude haber hecho por Ustedes.
            Un sacerdote, un obispo, un religioso no ha tomado hábito, no ha profesado compromisos solemnes ante Dios y la Santa iglesia por el propio interés. Es natural que queramos salvarnos pero lo que debe conquistar y cautivar el alma de un eclesiástico es el amor de Dios. “Dilexit me et tradidit semetipsum pro me” decía San pablo (Gal. 2, 20) “me amó y se entregó por mi”. No es más que un ejemplo sublime e inimaginable de lo que hemos de hacer. Dar a Dios Nuestro Señor lo que somos y tenemos, hacer el bien a los demás cuanto podamos. La Santa Iglesia, sus fieles azorados delante de un mundo en caída libre, ante los ejemplos desoladores de un clero mundanizado y de un sacerdocio inconsistente, ante una jerarquía más de lobos que de Pastores, necesitan ejemplos sólidos capaces de convencer. Cuando Roma y su Imperio se rindieron a la Fe Católica toda religión valía con tal que se adorase a los emperadores reinantes y que no se pusiese en tela de juicio la inmoralidad comúnmente aceptada. El paganismo se derrumbó delante del ejemplo de hombres que todo lo daban por Dios.
            Pidamos al Santo Niño Dios y a su Madre Admirable y a todos los sagrados personajes del Pesebre la gracia de un pueblo verdaderamente católico y, para ello, de sacerdotes fieles y abnegados.
            Nuevamente toda mi gratitud y afecto, Santa Navidad para todos.
                                                         

                                                        Patagonia Argentina 26 de diciembre del 2013.

                                                                                  + Mons. Andrés Morello.

martes, 2 de abril de 2013

Saludo Pascual 2013, Mons. Morello


SALUDO PASCUAL


29 de marzo de 2013

Viernes Santo

Queridos fieles y amigos:

                                     Dios quiera bendecirles.

                                     La soledad de la Cruz y del Calvario, se ha acentuado aún más gracias a los últimos acontecimientos de la faz visible de la Iglesia. Los pontífices judíos que asistieron (y causaron) la muerte de Cristo gritaban “bájate de la Cruz y creeremos en Tí”. Gritan hoy lo mismo desde una Roma en donde el discurso que se dice y el ejemplo que se dá buscan agradar a aquellos que gritaban en el asesinato más grande de la historia y a aquellos que hoy gobiernan a las naciones, ajenos en todo a Jesucristo.

                                       La Roma de hoy no mira a Dios, mira a todos menos a Èl, o a aquellos que todavía le doblan la rodilla. 
De alguna manera, ¡A Dios gracias! Que no se ocupen de nosotros los que desprecian a Dios, no queremos saber nada con aquellos que destruyendo la religión pierden las almas.

                                      Les toca a ustedes enfrentar esta situación. No hay componenda posible; la Fe no puede discutirse con los no católicos y la moral tampoco con los que no respetan la ley de Dios.

                                         Es imperativo ser buenos para no traicionar a Dios, empujar a otros para que no se pierdan ni se condenen, ser generosos los solteros para dar la vida a Dios, en un momento crucial de la historia en el que han dejado solo a Cristo, han huido los pastores y la Iglesia necesitaría un ejército cerrado de hombres valerosos y abnegados, deseosos de salvarse y arrebatar al diablo las almas creadas para Dios.

                En medio de esta situación penosa, ¡Santas Pascuas! cerca de la Cruz de Cristo,
                de la Virgen Madre y del Apóstol Virgen.

                                                                                + Mons. Andrés Morello.

viernes, 15 de marzo de 2013

Basta Comparar







Basta Comparar

                        El 13 de marzo del 2012 el Cónclave de Cardenales de la Iglesia de la misa nueva elegía como sucesor de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) a Jorge Mario Bergoglio, Cardenal Arzobispo de Buenos Aires, Argentina. Pasado el primer estupor causado por la elección varios Sacerdotes y fieles nos preguntaron nuestra opinión.
                        Hay cosas en las cuales la opinión no vale mucho y casi es improcedente. Un Obispo, un Sacerdote, un laico no podrían, de suyo y en circunstancias normales de la Iglesia, hacer un juicio acerca de ciertos temas y que este juicio fuera rector de la propia conducta y de las conductas ajenas.
                        No estamos ante la elección de un Pontífice de la Iglesia Católica de siempre sino de la iglesia nueva, de la misa nueva, de los nuevos sacramentos, del nuevo catecismo, del nuevo derecho canónico, de la admisión universal de todas las religiones, del abrazo fraterno con aquellos que con su lengua mataron al Salvador en palabras de San Agustín, Doctor de la Iglesia: “¿De dónde lo matasteis? Con la espada de la lengua” (San Agustín, lección sexta de maitines del Viernes Santo, homilía sobre el Salmo 63, v. 2)
                        Bergoglio (Francisco I) es un fruto de la nueva iglesia:
-Ordenado el 1969 cuando ya regía el nuevo rito de ordenaciones;
-Ordenado para la misa nueva, puesta en vigencia el primer domingo del adviento del 69, su ordenación fue el 13 de diciembre del mismo año).

                        Se es responsable de lo que se hace, de lo que se calla, de lo que se admite.
                        Entrado al noviciado jesuita en 1957 conoció la Doctrina de siempre, hasta su ordenación vivió en el ambiente de la Misa de siempre, la Misa Tradicional. Aceptó Obispado y Cardenalato de Juan  Pablo II, cargos de Benedicto XVI, consintió a sus doctrinas, a sus beatificaciones y canonizaciones, a sus ejemplos y los siguió.
                        Ser caritativo no es solamente sonreír y codearse con los que odian a Jesucristo, con los que niegan a la Santísima Trinidad o con los apartados de la grey de Cristo. Querer el bien del otro (amor de benevolencia) es procurarlo; no es amar dejar en el error sino sacarlos del mismo.
                        Dios no estableció múltiples caminos de salvación sino hubiera sido demasiada poca cosa una religión optativa para morir para fundarla “quien creyere y se bautizare será salvo, quien no creyera ni se bautizare se condenará” (Evangelio de San Marcos XVI, 16).
                        Es una herejía afirmar que Dios obra con su Gracia santificante en otras religiones; puede dar gracias actuales para convertir y ayudar a los no bautizados, pero no puede dar la Gracia Santificante más que allí en donde la encuentra sea por el Bautismo o por el estado de Gracia, la Gracia supone la Gracia.
                        Bergoglio, Ratzinger, Wojtila, Montini, son el triunfo del sentimiento sobre la razón y la Doctrina. Les enerva la Verdad y la firmeza mientras que se derraman en misericordia y ternura con los de las otras religiones, con los activistas de izquierda (el hermano de Montini peleó en la Guerra Civil española en las brigadas comunistas italianas), con sacerdotes u obispos inmorales (en la entronización de Mons. Casaretto en la Diócesis de Merlo-Moreno, Buenos Aires, Argentina, habló loas del obispo anterior sorprendido en el Caribe con una mujer; con todo el episcopado argentino afirmó que era una muestra de la misericordia divina lo sucedido con el obispo de San Miguel de Tucumán, Argentina sorprendido en un hotel con un hombre).
                        ¿Nos preguntan qué pensamos?
                        Pensamos lo que piensa la Iglesia Católica. La Iglesia no tiene más que una sola Misa verdadera, la de siempre, universalmente celebrada hasta 1969.
                        La Tradición no es algo viviente y cambiante, es algo entitativamente (en su mismo ser) inmutable e invariable, “lo que siempre y en todo lugar enseñó la Iglesia” y esto afirmado siempre en el mismo sentido y con las mismas sentencias.
                        Agrega este hombre nefasto la falta de modos, no decimos protocolo; no decimos la falta de simplicidad sinó la simplonería, vuelo rasante de un espíritu similar, abajamiento de una dignidad que no le es propia sino de la Iglesia y por ende de todos los católicos.
                        Juan Pablo II y Benedicto XVI arruinaron la Doctrina y esto seguirá.
                        Francisco I arruinará los modos y la imagen visible del Papado.
                        Más aún, la presencia en el mismo Vaticano del nuevo Papa y del Papa saliente, a los ojos del hombre simple es una lección sorda pero elocuente: Dos Papas no es ninguno.
                        El siguiente destruirá quizás la moral.
                        Nosotros no somos apocalípticos, esos tiempos están en las manos de Dios, somos simplemente miembros de las filas del Clero y del Sacerdocio, brevemente, estamos al servicio de Dios y de su Gloria, todo lo que se le oponga se nos opone. Dios primer servido.
                        No somos intérpretes de profecías pero no deja de ser sugestiva aquella frase del Apóstol San Juan en el Apocalipsis (Apoc. XIII, 12): “Y la segunda bestia ejercía todo su poder en presencia de la primera”.
                        Apocalípticos o nó los personajes, anecdóticos o nó, su conducta y su lenguaje más son dignos del dragón que del Hijo del Altísimo.
                        Aferrados a la Doctrina, a la Santa Misa y a la conducta de siempre ponemos toda nuestra fragilidad y para siempre en María Santísima quien de parte de Dios se presenta como un ejército en orden de batalla (Cantar de los cantares VI, 3) y allí mismo pedimos cobije a todo aquél que sea de Dios.

                                               Ave María Purísima.
           
                                                        + Mons. Andrés Morello.

jueves, 14 de marzo de 2013

La Docta Ignorancia


La Docta Ignorancia
O
La Cabeza de un Modernista
O
“Campanas de Europa”

1. Introducción:
                                   Quiera Dios bendecirles.
                                   El título (o los títulos de este artículo) es un título largo, aparentemente inconexo entre sus partes, curioso por lo que hace referencia a la película “Campanas de Europa” “Bells of Europe” realizada por el Centro Televisivo Vaticano, idea del Padre Germán Marani (VIS, Vatican information Service, 16 de octubre del 2012 “ Ayer por la tarde después de la sesión del Sínodo, se presentó a varios Padres Sinodales la película Bells of Europe sobre la relación entre el cristianismo, la cultura europea y el futuro del continente… Presenta una serie de entrevistas… Benedicto XVI…El Patriarca Ecuménico Bartolomé I… El Patriarca Kiril de Moscú… El Arzobispo de Canterbury… El hilo conductor es el toque de las campanas de los diferentes rincones del continente y la fusión de una única campana en la antigua fundición de Agnone”).
                                   Los tres renglones del título parecen diversos y sin relación, están en cambio íntimamente relacionados y expresan lo que queremos mostrar con estas líneas, a saber: “Cómo funciona la cabeza de un modernista”. Nótese que no decimos “la inteligencia” de un modernista ya que toda inteligencia de todo hombre funciona necesariamente igual porque el pensar como el querer pueden variar en su objeto pero no en su proceder. La inteligencia y la voluntad siempre actúan como ellas son porque no pueden alterar su naturaleza propia, aquello para lo cual fueron hechas.
                                   El modernista aplica su inteligencia para probar y justificar el error y esto es querer probar lo que no tiene prueba posible, es más, quiere probar lo que la Santa Iglesia ya condenó y esto no es sólo querer probar lo imposible sino además atrevimiento.
                                   Por último, el título rezaba “La Docta Ignorancia” aludiendo a una conocida obra de Nicolás de Cusa (1401-1464) Obispo y Cardenal que participó del Concilio de Basilea (Bale 1431-1449). Ortodoxo en Teología y sin duda de recta intención, tuvo errores en materia filosófica quizás por valorar mucho la Fe y la Teología e inversamente desconfiar de la razón y sus conclusiones. Nicolás de Cusa tuvo una filosofía sincrética (fusión de varias), cargada de conclusiones personales, finalmente escéptica (desconfiada de la razón y del saber natural). Para el de Cusa la inteligencia no puede conocer la verdad, no puede alcanzarla, no ve con certeza más allá de las imágenes, fruto de lo que siente; como no alcanza la verdad apenas conjetura (supone, opina, estima) de manera que humanamente hablando la ciencia suprema natural no pasa de ser una “docta ignorancia” ante la cual es necesaria la Fe que ilumina todo lo que conocemos.
                                   ¿Qué tiene que ver Cusa con los modernistas? No es él sinó ellos, Cusa llamó docta ignorancia a la sabiduría humana por desconfiar de la capacidad natural de la razón. Nosotros llamamos docta ignorancia a la supuesta ciencia teológica de los modernistas, decimos que son burros con birrete de teólogos, decimos que esto no puede hacerse sin forzar a la inteligencia para que piense mal y que esto no es honesto, que es inmoral y es engañoso.
                                   Dirán ustedes que nuestro juicio es implacable, que no podemos ni debemos juzgar. No hacemos más que repetir, con otras palabras, lo enseñado por S.S. San Pío X en la Encíclica Pascendi (8 de septiembre de 1907) en la que condena al modernismo; leamos al santo Papa: “Juntan con esto, y es lo más a propósito para engañar, una vida llena de actividad, asiduidad y ardor singulares hacia todo género de estudios, aspirando a granjearse la estimación pública por sus costumbres con frecuencia intachables. Por fin, y esto parece quitar toda esperanza de remedio, sus doctrinas les han pervertido el alma de tal suerte, que han venido a ser despreciadores de toda autoridad, impacientes de todo freno, y  atrincherándose en una conciencia mentirosa, nada omiten para que se atribuya a celo sincero de la verdad lo que sólo es obra de la tenacidad y el orgullo” (Pascendi, n. 2, página 5, ed. Roma, n. 20).
                                   Por eso decimos que el modernista no es niño equivocado sinó un enemigo de la Iglesia, tanto más peligroso al vestir hábito clerical o pontifical. Dice allí mismo San Pio X: “Tales hombres podrán extrañar verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia; pero no habrá fundamento para tal extrañeza en ninguno de aquellos que, prescindiendo de intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozcan sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijera que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya se notó, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro; en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia”. (Ídem n. 2, pág. 4).

2. Algunas Aclaraciones:
                                   No queremos dar una clase de filosofía ni decir cosas difíciles. El fin de estas líneas es poner en guardia al católico frente al peligro del modernismo, modernismo que está desfigurando la faz visible de la Iglesia y perdiendo a las almas.
                                   Aun así, debemos sentar las bases que nos hagan llegar  a la conclusión y trataremos de hacerlo con palabras sencillas, copiando un poco aquella destreza de Nuestro Señor quien explicó las cosas más sublimes para que todos pudiéramos entenderlas.
                                   Al crearnos Dios nos dio las facultades que nos permiten comportarnos como hombres y salvarnos como cristianos con la ayuda de su Gracia. Esas facultades son como los instrumentos para obrar y es así que pensamos y queremos porque somos hombres y que en eso nos distinguimos de los animales.
                                   La inteligencia es como es, como la mano tiene dedos para maniobrar así ella tiene un  procedimiento para razonar. Siempre funciona igual y en todo hombre (aún el loco tiene sana su inteligencia pero enferma su imaginación o sus órganos que le brindan imágenes falsas o artificiosas haciéndola juzgar erróneamente. La inteligencia no se enferma porque es del alma, el que se enferma es el cuerpo; sino fuera así los médicos no darían remedios a los locos sino que les darían un manual de filosofía o un buen consejo).
                                   La inteligencia, entonces, tiene un objeto propio: La Verdad, está hecha para ella, es su fin, su objeto adecuado, para eso fue creada. Esa Verdad no es más que la realidad. Conocer la Verdad es conocer lo que las cosas son, conocerlas y conocerlas tal como son. No digo sólo que conozcamos que las cosas existen, digo que además conocemos, quien más quien menos, lo que son realmente para no movernos en un mundo de opiniones o ilusiones que no permitirían ni ciencia ni certeza alguna. La opinión no va más allá del “quizás” o del “tal vez” o del “puede ser”. En este sentido nadie tomaría un remedio si “quizás” fuera mortal.
                                   Cuando conozco lo que las cosas son conozco con Verdad, es decir, bien, entonces poseo la Verdad.
                                   Mi inteligencia al conocer plasma de manera abstracta en si misma (pero verdadera y real) aquello que conoció. Más todavía, conocer algo tal como eso, es algo muy ordenado, conocerlo mal implica un desorden ya que la inteligencia no estaría cumpliendo su cometido, no hallaría su objeto, su fin, en definitiva su bien que es la Verdad, lo que las cosas son realmente.
                                   Este orden al que aludimos, orden de la inteligencia, pone al intelecto en paz, le causa la tranquilidad o la serenidad intelectual de haber hallado, de manera cierta, lo que buscaba. Si quisiéramos expresarlo gráficamente diríamos:

Inteligencia…... Tiene un objeto (fin)  =  la Verdad = lo que las cosas son, el ser de las cosas.
Alcanzar la Verdad…. Supone orden…. Este orden causa la paz del intelecto.

                                   Dicho de otra manera la inteligencia funciona de modo correcto cuando alcanza la Verdad y lo hace de manera honesta (honrada moralmente) cuando conocida esa Verdad la admite aunque contraríe su opinión, su idea original o su tesis.
                                   Entonces, el objeto de la inteligencia no es llevar la Verdad  a la  constatación de su tesis sinó al revés. Intentar encontrar los argumentos o pruebas de la tesis para que ésta enuncie Verdad y sinó descartarla como errónea. Esto supone en el sujeto honestidad y humildad.
…. Que de los argumentos no se siga Verdad… Es concluir erróneamente.
…. Forzar los argumentos…. Es ser deshonesto y mentir.

                                   La Verdad hallada se expresa en conceptos, muchas veces en definiciones que en el mejor de los casos enuncian dicha Verdad, poniendo todos los límites para que ella diga correctamente lo definido y sólo eso. Como si dijéramos el número de documento de identidad de alguien que sólo a él corresponde o su ADN personal. Esos conceptos, todo concepto, son una definición (más o menos completa) enunciada o nó.
                                   Las cosas son lo que son, eso es la realidad.
                                   La Verdad es la realidad en mi inteligencia, pensada por mi.  Ambas son reales, la cosa y la Verdad que la enuncia, pero una es concreta (la cosa) y la otra es abstracta (pensada= su concepto).

3. La “cabeza” del modernista:
                                   El modernista es un deudor del idealismo de Hegel. Para Hegel, filósofo alemán del siglo XIX, la realidad evoluciona, nó que haya cambios, va cambiando ella misma, las cosas cambian en su mismo ser que pasa como pasa la historia. Todo eso que pasa y se sucede es como la evolución de algo pensado que él bautiza con el nombre de Idea, es el devenir de esa misma Idea.
                                   Recuerdan ustedes que el Papa Pio IX promulgó el Syllabus que es como la colección de los errores modernos, errores que siempre serán tales. Vean sin embargo las afirmaciones siguientes (Card.  Joseph Ratzinger, Teoría de los Principios Teológicos, Wewel, Verlag, Munich 1982; Herder, Barcelona 1985):
° “La Verdad es una dirección… Nunca una posesión definitiva”. (pág. 72).
° “La Fe cristiana ha nacido de una convulsión histórica (la pérdida de valor de los postulados de la religión judía de la época de Cristo)” (pág. 184).
° “Queda en claro el primado de la historia (ciencia de lo que acontece) sobre la metafísica (ciencia del ser, de lo permanente)” (pág. 220).
° (Hablando de la Iglesia) “Las instituciones dependen de las fuerzas vivas que surgen espontáneamente en la comunidad” (pág. 367).
° (Vaticano II) “Fue un intento de reconciliación oficial de la Iglesia con la nueva época establecida a partir de 1789 (Revolución Francesa)” (pág. 458).
° “Esto implica que no hay punto retorno al Syllabus… Que en modo alguno puede ser la palabra última y definitiva” (pág. 469).

                                   Las afirmaciones son graves. Más graves porque eran de un Cardenal, en esos años nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio), presentado luego y todavía como gran defensor de la Fe y de la Ortodoxia Doctrinal.
                                   Para el modernista la Verdad ya no es el bien de la inteligencia “Queremos en primer lugar, reconocernos todos integrados en ese camino común que es la historia humana. Afirmar que somos peregrinos significa admitir que todavía no hemos llegado a la meta o, mejor dicho, que ésta siempre nos trasciende, constituyendo el sentido de nuestro viaje. Todo hombre de buena voluntad se siente peregrino de la verdad: Se siente en camino, porque es consciente de que la Verdad siempre lo supera” (L’Osservatore Romano, 27 de oct. Del 2011 “De Asís 1986 a Asís 2011, el significado de un cambio”, Cardenal Tarsicio Bertone, Secretario de Estado, fechado 3 de julio del 2011).
                                   Estas reuniones de Asís desde la primera en 1986 son reuniones ecuménicas en donde se juntan las religiones más estrafalarias y contradictorias. La afirmación del Cardenal Secretario de Estado es clara: “La Verdad siempre nos trasciende… Nos supera”.
                                   Es decir es tan grande o tan variable que siempre nos gana, no podemos poseerla. Es el “nadie tiene la verdad” que escuchamos cada día. Si no podemos tener la Verdad entonces nadie puede. Es la única manera de aceptar los errores ajenos y darles derecho de piso. “En todos los periodos de la historia aparecen sus nuevas dimensiones (del Evangelio) aparece en toda su novedad para responder a las necesidades del corazón y de la razón humana que puede caminar en esta verdad y encontrarse en ella”. (Benedicto XVI, Campanas de Europa, VIS, español, martes 16 de oct. del 2012, pág. 2, segundo párrafo in fine).
                                   Volvamos a nuestras “Aclaraciones”, si la inteligencia no alcanza la Verdad nunca alcanza su objeto, nunca queda ordenada a su propio bien, nunca está en paz. No puede haber paz para la inteligencia sin orden y sin definición.
                                   El modernista, por exigencia de su propia doctrina, vive entonces la inquietud íntima más profunda y radical, nunca tiene orden intelectual, nunca llega a la Verdad.
                                   Si el modernista no conoce la verdad es incapaz de penetrar la realidad, vive en medio de un río caudaloso que lo lleva sin que él lo conozca.
                                   ¿Qué le queda entonces? Sólo el sentimiento que produce lo que va viviendo.
                                   El sentimiento es algo subjetivo y transeúnte: “Como Usted decía, sobre todo en el diálogo ecuménico entre la Iglesia Católica, Ortodoxa, Protestante, esta alma tiene que encontrar una común expresión y después tiene que confrontarse con esa razón abstracta, es decir aceptar y conservar la libertad crítica de la razón con respecto a todo lo que puede hacer y ha hecho, pero practicarla, concretarla en el fundamento, en la cohesión con los grandes valores que nos ha dado el cristianismo. Sólo en esta síntesis Europa puede tener peso en el diálogo intercultural de la humanidad de hoy y de mañana, porque una razón que se ha emancipado de todas las culturas no puede entrar en un diálogo intercultural. Sólo una razón que tiene una identidad histórica y moral puede también hablar con los demás, buscar una interculturalidad en la que todos pueden entrar y encontrar una unidad fundamental de los valores que pueden abrir las vías al futuro, a un nuevo humanismo que tiene que ser nuestro objetivo. Y para nosotros este humanismo crece precisamente a partir de la gran idea del hombre a imagen y semejanza de Dios”. (Benedicto XVI, VIS, ídem, pág. 3).
                                   Si los sentimientos son subjetivos su validez como tal no nace de la cosa (la cosa se le escapa al modernista, no puede conocer la verdad que encierra). Entonces ¿De dónde saca su validez el sentimiento? Sólo es válido si es auténtico, ya que no puede ser objetivo se conforma con ser sincero.
                                   Habiendo maltratado a los conceptos y negándoles que puedan encerrar verdad hace conceptos de los sentimientos, o mejor, hace afirmaciones de lo transeúnte que no puede definirse porque está cambiando (sería como querer cercar un terreno durante un terremoto). No se atreve al concepto, los hace sentimientos. Como el modernista no puede ni quiere definir, teme a la definición. La definición compromete con la Verdad y no admite lo contrario.
                                   Hace afirmaciones de lo transeúnte y esta dispuestos a cambiarlas. Pero en esto es incoherente porque cuando no le conviene, la realidad no debe cambiar, valga como ejemplo Vaticano II que es “un bien” inamovible.
                                   Este temor voluntario, y por eso culpable, de no querer definir no lo deja ni afirmar el bien ni rechazar al mal con vehemencia. No se es vehemente de lo inestable.
                                   Resumamos entonces. Para el modernista:
° Pensar es sentir, pensar los pareceres y sentimientos (esto es absurdo);
° Subjetivizar la realidad (es como la siente), (esto es ilógico);
° Es indefinido por concepto (esto es contradictorio);
° La indefinición lo hace íntimamente inquieto y sin paz intelectual.

                                   La vehemencia le pica, le irrita y le incomoda. No soporta la seguridad de quien cree absolutamente en quien lo merece que es Dios.
                                   Está atrapado en sus ideas, entonces toda idea religiosa es valedera si es auténtica, es un “campanazo en la Verdad”, no es verdad ni “la verdad” sinó las otras campanadas (afirmaciones, religiones…) o la de él no serían nada. Basta absolutizar una religión para que las otras sean falsas. Sólo así se entiende una “bolsa común” de todas las religiones: “Mientras recorremos nuestros respectivos caminos –dijo Benedicto para terminar- saquemos fuerzas de esta experiencia y donde quiera que estemos continuemos renovados el viaje que conduce   a la Verdad, la peregrinación que lleva  a la Paz” (Benedicto XVI, VIS 28/10/2011, pág. 3 in fine).
                                   No condice esto con aquellas palabras de Nuestro Señor: “Yo soy la Verdad” (San Juan XIV, 6); “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (San Mateo XVI, 18); “Padre, santifícalos en la Verdad” (San Juan XVII, 17); “El Espíritu de la verdad que el mundo no puede recibir” (San Juan XIV, 17).
                                   Lo sobrenatural es estable, no admite “otros”, no es subjetivo ni relativo, es como es.
                                   Volvamos al principio. Para el modernista la Iglesia Católica suena “su campana” en el concierto de las religiones, dice “su verdad” aceptando que cada quien diga la suya, hace la Fe subjetiva y valedera sólo por ser auténtica, entonces valen igual todas las otras. No hay para él verdad absoluta (aunque crea esto como algo verdadero y algo absoluto).
                                   Para él esa campanada es sincera pero no puede ser absoluta.
                                   No hay Verdad absoluta y permanente a no ser lo que él dice, Vaticano II, la Libertad Religiosa, El Ecumenismo y todas sus modernidades.

                                   Entonces, forzar la inteligencia para defender argumentos sin valor no sólo es concluir en el error sinó inducir al error. Es deshonesto porque su inteligencia le grita que no valen sus argumentos, es la Verdad quien le arguye y recrimina. Es injusto consigo mismo, con sus semejantes, con la Iglesia y con Dios.
                                   No estamos delante de gentes solamente equivocadas: “Van adelante en el camino comenzado, y aún reprendidos y condenados van adelante, encubriendo su increíble audacia con la máscara de una aparente humildad. Doblan fingidamente sus cervices, pero con la obra e intención prosiguen más atrevidamente lo que emprendieron. Pues así proceden a sabiendas, tanto porque creen que la autoridad debe ser empujada y no echada por tierra, como porque les es necesario morar en el recinto de la Iglesia, a fin de cambiar insensiblemente la conciencia colectiva” (Pascendi, obra citada, pág. 24 y 25).
                                   La defensa absoluta de la Verdad supone el rechazo absoluto del error.
                                   Esa defensa merece la vehemencia que tuvo en los Santos porque sólo la Verdad tiene derechos, nunca el error, menos la mentira.
                                   Los principios de la Fe no dependen de nosotros, nuestra es sola la reverencia que le debemos, la fidelidad gustosa que nos obliga, el respeto soberano a Quien dio ser a las cosas, a Quien creó la realidad, a Quien hizo la inteligencia para que nadara en las aguas de la Verdad, a Quien nos brindó la Gracia para poder llegar al Cielo.
                                   Quiera Dios bendecirles.
                                               Ave María Purísima.

                                                       + Mons. Andrés Morello

                                              Patagonia Argentina 11 de marzo del 2013.