miércoles, 7 de mayo de 2014

SAN PIO V

5 de mayo

 


     Con motivo de la fiesta de su Santidad el Papa San Pio V, queremos re-publicar un artículo de su Excelencia Mons. Andrés Morello, que fuera publicado en junio del año 2006 en defensa de La Santa Misa Católica tal como la CODIFICÓ y ordenó celebrar el Papa San pio V en su Bula "Quo Primum Tempore" "AD PERPETUITATEM".

     Al final del Artículo algunas ilustraciones de las muchas variantes en "celebraciones" de la "nueva iglesia", que no guardan más unidad ni estructura entre sí que LO NOVEDOSO Y ESCANDALOSO.


LA MISA DE SIEMPRE DE LA IGLESIA CATÓLICA
Y
LA MISA NUEVA DE LA NUEVA IGLESIA

“-Si te portas bien, me haces caso y me das la razón, te dejo ser católico aunque yo pienso, hago y me comporto distinto que tu”.

            Más breve y más sencillo: “-Dame la razón a mi que niego lo que crees; dime que tengo razón en hacer como tu jamás harías; bendice mi manera de comportarme tan ajena y tan opuesta a la tuya como la noche al día. Dame todo eso y estamos de acuerdo. Dame todo eso y te acepto como católico, serás de mi misma iglesia aunque es bien distinta de la tuya.”
            Ni más ni menos. Un discursito como el anterior es, dicho más o menos claramente, el discurso de la iglesia oficial, de Cardenales, Obispos, Curas y Papas de la Misa Nueva cuando hablan con los tradicionalistas.
            Las reformas empezadas por los “Papas” de Vaticano II asaltaron a la Santa Iglesia como marejada que cansó, agotó y dispersó a los católicos. Unos abandonaron la Iglesia para ir a las sectas, otros abandonaron la práctica religiosa para refugiarse en el silencio de sus casas tratando de descifrar su perplejidad y los que no, entonces se quedaron sumisos, entendiendo o no lo que pasaba, “sin bajarse de la barca”, como dicen, aunque en realidad remando contra Dios en una chalupa de naufragio.
            Aún así, aquí, allá, pocos o muchos, se han mantenido fieles católicos perseverando en sostener la Tradición de la Iglesia sabiendo que de no hacerlo dejarían de ser católicos.
            Esos católicos no son un escollo para la Iglesia Católica sino tampoco serían católicos ellos. No puede ser escollo lo que siempre fue faro. Son escollo para la chalupa que, ella sí, abandonó la verdadera Barca para buscar la borrasca. Son escollo, roca y peñasco molesto que de alguna manera debe ser removido.
            Los fieles tradicionalistas no han querido aflojar. No pudieron hacerlos modernistas porque no quisieron dejar de ser católicos, porque católicos y modernistas son opuestos, contrarios y enemigos completos.
            No pudieron corromperlos porque quieren salvarse.
            Pero ya sabe uno que si el diablo no puede ganar busca empatar:
            “- Siga Ud. con lo suyo, nada hay de malo en que Ud. mantenga aquellas venerables formas antiguas de expresión de su religiosidad. Está bien, siga, nomás nosotros seguiremos con lo nuestro, con lo nuevo, esto es lo auténticamente católico de hoy. Siga, pero no pretenda que lo hagamos nosotros, es más, diga que lo mío (lo nuevo) es bueno.”
            Religión y religiosidad son dos cosas distintas.
            La primera es objetiva y la segunda subjetiva. La primera es de Dios y la segunda es mía. La verdadera Religión puede cumplirse y vivirse con poca o mucha religiosidad, profunda ésta o superficial. La Religión la instituyó Dios y sólo una verdadera, de modo que todas las otras son falsas ya que de Dios nadie se burla.
            Religiosidad es lo que pongo yo, mi empeño, mi esfuerzo, mi mayor o menor delicadeza de consciencia, mi prontitud en cumplirle a Dios.
            La Misa en latín, la de siempre, la única, no es una expresión de religiosidad venerable por viejita. Es más que venerable y no sólo fue y es expresión de la legítima religiosidad de los Santos y de los fieles sino que es, fue y será expresión cabal y fidedigna del acto supremo de nuestra Religión.
         La Misa es como Dios la quiso. Si la Religión es de Dios y no nuestra, si El la concibió y enseñó a la Iglesia así como en el Antiguo Testamento determinó cómo quería ser adorado y cómo se le rindiera culto, con más razón pasada la figura, terminado el anticipo y establecida la Religión por su Hijo fundada.
            La Misa de siempre no es invento de hombre, desde siempre fue dicha así por la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo a los Apóstoles, por la de los Santos Padres, por la guía sagrada del Espíritu Santo a su Iglesia durante siglos expresando la Fe y la oración que le es necesariamente correlativa, siempre igual y en el mismo sentido.
            La Misa Nueva sí es invento de hombres, sí se aparta de manera aberrante de la Teología y la Fe católica sobre el Santo Sacrificio de la Misa.
            Por eso dos Misas hacen dos Iglesias así como dos Credos hacen dos Fe distintas.
            Ahora bien, desde Roma los que han cambiado todo, los que dicen la Misa Nueva, los que la hicieron, la pregonaron, la propugnaron y la impusieron desde el año 69’ hasta hoy, insinúan que darán libertad a la Misa Católica, a la única católica que yo sepa.
            ¿Está bien? ¿Es algo bueno? ¿Debemos festejar y agradecer? ¿La Roma nueva está cambiando? ¿Soplan nuevos aires?  
            El diablo siempre sopla igual.
            Lo malo siempre es malo y lo bueno siempre es bueno.
           - ¡Ud. exagera! 
           No señor, repito de otra manera lo que dijo San Pedro, el primer Papa, al Sanhedrín luego de haber curado a un paralítico en compañía de San Juan:  “Esto que hacemos lo hacemos en nombre de Nuestro Señor Jesucristo Nazareno a quien vosotros crucificasteis  y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por eso éste está sano ante vosotros... (Actas cap. 4 vers. 8 y siguientes)... Viendo la constancia de Pedro y de Juan dicen (vers. 13)... –Mandémosle que ya no hablen más en nombre de Aquél (Jesucristo) a ningún hombre (vers. 17). (Respondió San Pedro)... Si es justo ante Dios escucharos más a vosotros que a Dios juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos callar lo que vimos y escuchamos.” (vers. 19-20).   
          El bien no puede pagarse a precio de mal.
         “Sea Ud. varón pero consienta que haya maricones”.
         “No robe si no quiere pero justifique al ladrón”.
         “No sea inmoral si no le gusta, pero déjeme el derecho a serlo”.
          No se puede hacer el mal para que venga el bien. (Carta a los Romanos cap. 3, vers. 8)
         Dar derecho al mal es hacer el mal aunque yo no lo haga. Sería la síntesis más decantada del liberalismo. Así por ejemplo, aprobar la ley del aborto aunque yo no haga abortos, es hacerse culpable de cuantos se hagan.
         Igual con la Misa.
         No podemos aceptar la Misa Nueva con tal que nos den la de siempre. Todo el combate tradicionalista comenzó y se apoya en la defensa de la Santa Misa de siempre porque ella no debe ser cambiada, aceptar ambas Misas es aceptar que la Misa Nueva puede ser buena, entonces el combate pierde sentido.
            Los arrianos decían la Misa pero eran arrianos y herejes y San Atanasio jamás los aceptó y San Hermenegildo prefirió morir antes que recibir la comunión de un obispo arriano.
            Lo de Dios se lo acepto todo a Dios o no le creo nada. Si le creo todo no puedo admitir misa o doctrinas que estén en contra.
 
           Si Ud. ha entendido que la Misa Nueva aparta de la Fe y fundamenta una nueva religión no puede consentirla.
           Dios quiso siempre su Iglesia de una manera, igual su Misa, su Sacerdocio, su Tradición y su Doctrina.
           Misa Católica de siempre y Misa Nueva son incompatibles y opuestas.
          Libertad sólo para la verdad y lo bueno.
          La que no tiene derecho a la existencia es la misa nueva.
          No queremos que nos den un derecho que ya tenemos, el de ser católicos de los de siempre. Queremos que cumplan la obligación que no cumplen y que empiecen a serlo ellos.  
         No hay comercio posible entre la luz y las tinieblas.
 
17 de junio de 2006.
Padre Andrés Morello.
Sacerdote Católico.
Rincón Inalef, Mallín Ahogado 
C.C. 165 (8430)
El Bolsón, Pcia. de Río Negro
 
La Santa Misa Católica de Siempre

 

 

 
 
 

 
      "Así pues, que absolutamente a ninguno de los hombres les sea lícito quebrantar ni ir, por temeraria audacia, contra esta página de Nuestro permiso, estatuto, orden, mandato, precepto, concesión, indulto, declaración, voluntad, decreto, prohibición. Más si alguien se atreviere a atacar esto, sabrá que ha incurrido en la indignación de Dios Omnipotente y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo." ( Bula Quo primum tempore, Papa San pio V, 19 de julio de 1570).
 
 
La misa nueva (¿misa?)
 
 
 



 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

lunes, 5 de mayo de 2014



La invención de la santa Cruz.

3 de mayo

(Año 326 de J. C.)

            La bienaventurada santa Elena, madre del emperador Constantino, visitando a la edad de ochenta años los Santos Lugares, consagrados con la vida y sangre de Cristo, movida por divina inspiración, quiso buscar la Santa Cruz de Nuestro Redentor adorable.

            Hallábase muy congojada y perpleja porque nadie podía decir dónde estaba, y los inmundos gentiles habían puesto en el Calvario un ídolo de Venus para que ningún cristiano se acercase para hacer oración en aquel sagrado lugar. Mas como fuese costumbre de los gentiles, cuando hacían morir por justicia algún hombre facineroso, enterrar los instrumentos del suplicio junto al lugar donde se sepultaba el cuerpo, mandó santa Elena cavar cerca del sepulcro del Señor, y al fin se hallaron allí tres cruces y el título de la Cruz de Cristo tan apartado que no podía declarar cuál de aquellas cruces fuese la del Señor. En esta perplejidad el patriarca de Jerusalén San Macario, que allí estaba, mandó hacer oración, y luego hizo traer allí una mujer tan enferma que los médicos la tenían por desahuciada. A ésta mandó aplicar la primera cruz y la segunda, sin verse fruto alguno, y aplicándole la tercera repentinamente quedó del todo sana y con enteras fuerzas. Con este milagro cesó la duda y se entendió que aquella era la cruz de Nuestro Salvador.

            Increíble fue el gozo de Santa Elena, la cual hizo gracias al Señor por  tan señalado regalo y beneficio, y mando edificar un suntuoso templo en aquel mismo lugar, donde dejó parte de la Cruz ricamente engastada y adornada, y la otra parte con los clavos envió a su hijo el emperador Constantino, el cual mandó ponerla en un templo que labró en Roma, y que después se llamó Santa Cruz de Jerusalén. Ordenó además que desde entonces ningún malhechor fuese crucificado, y que la cruz que hasta aquel tiempo era el más vil e ignominioso suplicio, fuese de allí adelante la gloria y corona de los reyes, y así trocó las águilas del guión imperial por la Cruz, con ella mando batir monedas y poner un  globo del mundo en la mano derecha de sus estatuas y sobre el globo la misma Cruz, para que se entendiese que el mismo mundo había sido conquistado por la Santa Cruz de Nuestro Redentor Jesucristo, y que esta misma Cruz había de ser el escudo y defensa de la república cristiana.

             Reflexión: La Iglesia celebra hoy esta fiesta para enseñarnos a reverenciar el tesoro  divino de la Santa Cruz, en el cual está la salud, la paz, la verdadera sabiduría, la justicia y la santificación del género humano.

            Declarando Tertuliano la costumbre que tenían los cristianos en santiguarse y armarse de la señal de la Cruz dice:
          «En todos los pasos que damos, en nuestras entradas, en nuestras salidas, cuando nos calzamos, cuando nos lavamos y nos ponemos a la mesa, cuando nos sentamos y nos traen lumbre y nos acostamos, y finalmente en todas nuestras acciones continuamente hacemos la señal de la cruz en la frente».
           Notables palabras son éstas, que manifiestan la santa costumbre de los cristianos más antiguos y fervorosos. ¿Por qué no hemos de imitarles, haciendo también con toda reverencia la señal de la Cruz al levantarnos y acostarnos, en la tentación, y al comenzar cada una de nuestras obras, al comenzar algún viaje y en tantas otras ocasiones o peligros en que tenemos harta necesidad de la ayuda y favor del cielo?

            Oración: Oh Dios, que en la invención de la saludable Cruz, renovaste los milagros de tu pasión, concédenos que por el valor de aquel Leño de Vida, alcancemos eficaz socorro para lograr la Vida perdurable. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


 
Reliquias de la Pasión. Santa Cruz de Jerusalén en Roma.

SAN ATANASIO 



"Pero por eso no debéis temer a su maldad, sino que... debéis levantaros frente a las nuevas maquinaciones contra nosotros. Pues, cuando un miembro sufre, sufren todos los demás y según las palabras del Apóstol, debemos llorar con el que llora. Dado que la gran Iglesia sufre, cada uno debe sufrir con ella y sufrir su castigo. Para todos es el Salvador, que ellos injurian, de todos las leyes, que ellos destruyen... Por tales motivos os ruego... que condenéis a los impíos, para que los sacerdotes aquí y todo el pueblo vean vuestra verdadera fe y vuestro decidido repudio y se puedan alegrar de vuestra esclarecida fe en Cristo; pero aquellos que tanto han pecado contra la Iglesia, sean llamados a volver y -aun cuando sólo sea posible muy a la larga- lleguen a cambiar de pensamiento. ¡Saludad a la comunidad de los hermanos entre vosotros! ¡Todos los hermanos congregados conmigo también os saludan! Que el Señor os conserve sin pecado y daño y en fiel pensamiento para nosotros..." (S. Atanasio)

San Atanasio, patriarca de Alejandría

2 de mayo.

            El valeroso defensor de la fe católica San Atanasio, nació de nobles padres en Alejandría, para ser una de las más brillantes lumbreras del orbe cristiano. Acabados sus estudios,  se retiró por algún tiempo en el yermo, donde conversó con san Antonio abad, a quien dio dos túnicas para el abrigo y reparo de su cuerpo.

            Era todavía diácono cuando asistió al gran Concilio de Nicea, donde confundió al mismo Arrío en las disputas que tuvo con él; y habiendo fallecido cinco meses después del concilio san Alejandro, obispo de Alejandría, fue elegido Atanasio por común consentimiento de todo el pueblo.

            Los herejes que ya le conocían, se hicieron a una para derribarle, y en el conciliábulo de Tiro, entre otros cargos, le acusaron de haber violado una mujer, la cual, por persuasión de los arrianos y dineros que le dieron, exclamaba allí que habiendo hospedado a Atanasio, le había quitado por fuerza la virginidad. Pero luego se conoció el embuste de la mala hembra, porque Timoteo, presbítero de Atanasio, fingiendo que era él mismo Atanasio, le dijo: «Di, mujer, ¿Yo fui huésped en tu casa? ¿Yo he mancillado tu castidad?».  Y como ella respondiese a grandes voces y con muchas lágrimas fingidas que sí, y lo jurase, y pidiese a los jueces que le castigasen, vino a descubrirse toda aquella maraña, y paró en risa aquella acusación. Es imposible decir las calumnias y persecuciones que armaron los herejes contra este santísimo patriarca.

            Cuatro emperadores le persiguieron: Constantino Magno con buen celo, pensando que acertaba, y Constancio su hijo; Juliano el Apóstata y Valente como enemigos de Dios.    Escribió el símbolo que llaman de Atanasio, el cual como regla certísima de nuestra santa fe ha sido recibido y usado de toda la Iglesia.

            Padeció largos destierros; cinco mil hombres de guerra entraron para prenderle en su iglesia, y tuvo que esconderse en los yermos, en una cisterna, donde estuvo seis años, y hasta en la misma sepultura de su padre.

            Cuando volvía a su Iglesia, le recibían como si viniera del cielo, y era tal el fruto de su predicación y ejemplo, y tan grande la porfía en las gentes sobre el darse a la virtud, que como él mismo escribe, cada casa y cada familia parecía una iglesia de Dios. Así ilustró y defendió la fe cristiana durante medio siglo, y acabó su vida en santa vejez hasta que el Señor fue servido de llevarle para sí y darle el galardón de sus largos trabajos.

            Reflexión: En la vida de este santo se ve la firmeza que el verdadero católico debe tener en todo lo que toca a la pureza y entereza de nuestra santa religión; y los embustes y artificios que usan los herejes para contaminarla y corromperla, valiéndose del favor de los malos príncipes, los cuales, aunque algunas veces por razón de estado, favorecían a Atanasio, pero Nuestro Señor que quiere ser servido de los príncipes con verdad, al cabo los castigó, a Constancio con una apoplejía, a Juliano con una saeta, y a Valente con haberle quemado los bárbaros en una choza; pero san Atanasio quedó triunfador de estos infelices tiranos y de todos los herejes que con tan porfiada rabia y crueldad le persiguieron. Seamos, pues, como este gloriosísimo doctor fieles a Dios, y a su santa Iglesia, y el Señor nos esforzará de manera que toda la potencia de nuestros enemigos no podrá prevalecer contra nosotros.

            Oración: Rogámoste, Señor, que oigas benigno las súplicas que te hacemos en la solemne fiesta de tu bienaventurado confesor y pontífice Atanasio, y que por los méritos de aquel que te sirvió con tanta fidelidad, nos libres de nuestros pecados.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

(Fuente: FLOS SANCTORUM de la familia Cristiana; De Francisco Paula Morell, S.J. Editorial Difusión, S.A. Año 1943).
 
 

CIRCULAR DE SAN ATANASIO A TODOS LOS OBISPOS EN EL AÑO 340

"A la asamblea de sus hermanos Obispos, a los queridos Señores, manda Atanasio sus saludos (alegría) en el Señor.
Lo que hemos sufrido es terrible y casi insoportable; no es posible explicarlo como corresponde. Pero, para que el horror de los acontecimientos sea conocido más rápidamente, he considerado bueno recordar un pasaje de la Sagrada Escritura.
Un Levita, cuya mujer había sido gravemente ultrajada -era una hebrea de la tribu de Judá- conoció el horror de este crimen. Trastornado por el ultraje que se le habla inferido, descuartizó -según refiere la Sagrada Escritura en el Libro de los Jueces (Ju. 19)- el cuerpo de la mujer muerta y mandó los trozos a las Tribus de Israel. No solamente él, sino todos, debían sufrir con él este grave crimen. Si ellos compartían su dolor y sufrimiento, todos a una debían vengarlo también. Pero si no querían saber nada, debería caer la ignominia sobre ellos, como si fuesen los criminales. Los mensajeros dieron cuenta del suceso. Pero los que lo vieron y oyeron, declararon:
jamás ha sucedido nada semejante desde los días en que los hijos de Israel salieron de Egipto. Todas las tribus de Israel se movilizaron y, como si lo hubiesen sufrido en su propio cuerpo, se unieron contra los criminales. Estos fueron vencidos en la guerra y aborrecidos de todos, pues los bandos reunidos no atendieron la pertenencia tribal, sino que sólo miraron con indignación el crimen cometido.
Vosotros, hermanos, conocéis este relato y lo que la Escritura quiere señalar con él. No quiero extenderme más sobre ello, puesto que escribo a enterados, y me esforzaré por atraer vuestra atención sobre lo que ha acontecido ahora, que es más espantoso que lo de entonces. Por esto he recordado este relato, para que podáis comparar los acontecimientos y hechos actuales con los descritos y reconozcáis que lo actual excede encrueldad a lo de entonces. Y deseo que en vosotros crezca una mayor indignación contra los criminales, que la que entonces hubo. Pues la dureza de la persecución contra nosotros, es incluso superior.
Nimia es la desgracia del Levita comparada con lo que ahora se está haciendo con la Iglesia. Nada peor ha ocurrido jamás en el mundo, ni nadie ha sufrido jamás mayor desgracia. En aquel tiempo fue una sola mujer la ultrajada, un solo Levita el perseguido. Hoy es toda la Iglesia, la que sufre injusticias, todo el sacerdocio el que padece insolencias y -lo que es aún peor- la religiosidad es perseguida por la teofobia y la impiedad. Entonces cada tribu se asustó al ver un trozo de una sola mujer. Hoy se ve despedazada a trozos toda la Iglesia. Los mensajeros que os son enviados a vosotros y a otros, para transmitir la noticia, sufren la insolencia y la injusticia. Conmoveos, os lo imploro, no sólo como si fuésemos nosotros solos los que hubiésemos sufrido injusticia, sino también vosotros mismos. Cada uno debe ayudar, tal como si él mismo lo sufriese. Si no, dentro de poco se derrumbará el orden eclesiástico y la fe de la Iglesia. Ambas cosas, amenazan, si Dios no restablece rápidamente y con vuestra ayuda, el orden querido, si el sufrimiento no expía por la Iglesia.
No es ahora, cuando la Iglesia ha recibido el orden y los fundamentos. De los Patriarcas los recibió bien y con seguridad. y tampoco es ahora que se inició la fe, sino que nos vino del Señor a través de sus discípulos. Que no se pierda, lo que desde el principio hasta nuestros días se ha conservado en la Iglesia; no malversemos lo que nos fue confiado. Hermanos, como administradores de los Misterios de Dios, dejad conmoveros, ya que veis como todo ello nos es robado por los otros. Los mensajeros de esta carta os dirán más cosas; a mi sólo me cabe reseñároslo en breves líneas, para que realmente reconozcáis que jamás ha sucedido nada semejante contra la Iglesia, desde el día en que el Señor, ascendido a los Cielos, dio el encargo a sus discípulos con las palabras: "Id y enseñad a todos los pueblos, y bautizadles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Tomado de "Atanasio y la Iglesia de nuestro tiempo", -en el 1600 aniversario de su muerte-. Mons. Rudolf Graber, Obispo de Ratisbona).
 
 
 

Fiesta de San José Obrero

1° de mayo

 
 
 
 
ORACIÓN DE SAN PÍO X 
   Glorioso San José, modelo de todos aquellos que se dedican al trabajo, obtenedme la gracia de trabajar con espíritu de penitencia para la expiación de mis numerosos pecados; de trabajar en conciencia, poniendo el culto del deber por encima de mis inclinaciones; de trabajar con reconocimiento y alegría, considerando un honor el emplear y desarrollar por el trabajo los dones recibidos de Dios; de trabajar con orden, paz, moderación y paciencia, sin retroceder jamás ante la pereza y las dificultades; de trabajar sobre todo con pureza de intención y desprendimiento de mí mismo, teniendo sin cesar ante mis ojos la muerte y la cuenta que deberé rendir del tiempo perdido, de los talentos inutilizados, del bien omitido y de las vanas complacencias en el éxito, tan funestas para la obra de Dios. Todo por Jesús, todo por María, todo a imitación vuestra ¡oh Patriarca San José! Tal será mi divisa en la vida y en la muerte.
 
 
      La Fiesta de San José Obrero fue instituida por su Santidad el Papa Pio XII el 1° Mayo de 1955.
 
 
 
 

     «Aquí, en este día 1 de mayo, que el mundo del trabajo se ha adjudicado como fiesta propia, Nos, Vicario de Jesucristo, queremos afirmar de nuevo solemnemente este deber y compromiso, con la atención de que todos reconozcan la dignidad del trabajo y que ella inspire la vida social y las leyes fundadas sobre la equitativa repartición de derechos y de deberes.
     Tomado en este sentido por los obreros cristianos el 1 de mayo, recibiendo así, en cierto modo, su consagración cristiana, lejos de ser fomento de discordias, de odios y de violencias, es y será una invitación constante a la sociedad moderna a completar lo que aun falta a la paz social. Fiesta cristiana, por tanto, es decir, día de júbilo para el triunfo concreto y progresivo de los ideales cristianos de la gran familia del trabajo.
      A fin de que os quede grabado este significado nos place anunciaros nuestra determinación de instituir, como de hecho lo hacemos, la fiesta litúrgica de San José Obrero, señalando para ella precisamente el día uno de mayo ¿Os agrada, amados obreros, este nuestro don? Estamos seguros que sí, porque el humilde obrero de Nazaret no solo encarna, delante de Dios y de la Iglesia, la dignidad del obrero manual, sino que es también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias»
(Pío XII, discurso de institución de la fiesta de San José Obrero, 1955).  (AAS 47, 1955).

 * Disculpas por el retraso de las publicaciones pero hemos tenido serios problemas técnicos que han ocasionado las demoras. Padre Alfredo Contreras.